viernes, enero 26, 2007

“El Quinteto de los milagros”

de Carlos Rodero

Entrevista de Sebastián Santos

CARLOS: Toda esta historia empezó con una idea, que era hacer una adaptación o versión del Retablo de las maravillas de Cervantes. Primero me puse a trabajar en el texto y empecé a tirar del hilo de lo que había y terminamos con una versión totalmente libre. Quedan las huellas, el nombre de los personajes, algunas situaciones del Retablo, pero se convirtió en algo completamente distinto.

Yo el texto lo escribí pensando en la puesta en escena, en el juego para los actores. Las primeras tres semanas de trabajo fueron improvisaciones a partir del material que les llevé y durante ese tiempo reescribí y cambié algunas cosas hasta llegar al resultado final.

El título es “Csodakvintett”, que es algo así como el Quinteto de los milagros. Añadimos algunos personajes, porque en el retablo original son dos personajes que luego convocan al resto. La obra es una especie de compañía que aparece de la nada. No se acuerdan quiénes son, por qué están allí, ni qué tienen que hacer. Entonces poco a poco van tirando, van tirando, hasta que aparece una improvisación nueva sobre el texto de Cervantes.

S.: ¿El contexto cuál es?

CARLOS: El contexto es una especie de farsa política, pero muy suave. Es muy interesante porque la sátira o la parodia, está dibujada en abstracto, en el sentido que un español cuando ve la obra, o un húngaro o un americano o cualquiera, puede hacérsela suya. Los húngaros que la han visto la han llevado completamente a su terreno. Y nos preguntan, por ejemplo: “-Ese tío que hay allí, es un inspector del APEH, ¿no?”, o “-Este es Gyurcsány, ¿no?”. Bueno, sí y no. Es un presidente que puede ser cualquier presidente. Tiene algo de Bush, de Zapatero y de Gyurcsány. El señor del APEH es un poco más autobiográfico, como cualquiera que tenga en Hungría una Bt. o una compañía, pero podría ser un inspector de Hacienda de cualquier país.

La base es el juego de los actores en un espacio completamente vacío. Los 3 actores encarnan a todos los personajes que aparecen en la obra. Van cambiando, a veces en cuestión de segundos, de un personaje a otro y todos los espacios los van creando ellos. Es un trabajo de actores. El acento, la fuerza, la intensidad está en los actores y espero que en el texto también haya algo interesante.

Luego hay un juego al final de la obra (que no lo voy a contar) en el que se le da la vuelta a la tortilla, de forma que involucramos al público real de esta función. Cosa que en Hungría ya se está haciendo pero no es tan común todavía. He visto algo por el estilo en Bárka, en un Hamlet. Durante la obra los actores estaban mezclados entre el público, y aunque no tenían que participar se notaba que estaban incómodos (eso del teatro tradicional que nadie te molesta, que estás allí a oscuras, como un voyeur atento de lo que está pasando delante, aunque el escenario se haya quedado vacío).

A nosotros, cuando planteamos esto, el asistente e incluso los actores, nos advirtieron que en Hungría no es tan fácil, pero ya lo hemos probado y va muy bien. Yo siempre lo he defendido. No es un enfrentamiento directo, ni les hacemos participar de una forma muy activa, con mucho protagonismo, pero rompemos con la convención de la cuarta pared. Los actores bajan. Vamos a ver qué pasa en Budapest.

S.: ¿Cómo es el Tivoli? ¿Cuál es su público habitual?

CARLOS: El Tivoli es un teatro del Budapesti Kamaraszínház. Es la más grandes de sus 3 salas. Las otras son la Shure y la Ericsson. En el Tivoli hay un aforo de entre 150 y 190. Y la programación, si bien no es muy burguesa, tampoco tiene muchas sorpresas. Nosotros somos vendégek, invitados.

S.: ¿El grupo con el que ahora estrenas es de un teatro o es un grupo independiente?

CARLOS: Esta es una compañía que se ha hecho específicamente para montar esta obra. Es una producción independiente. Juntamos director, actores y producción y aquí estamos. Nuestro objetivo es que la temporada que viene ya no seamos invitados, sino que estemos dentro de la programación de algún teatro. Hasta mayo, entonces, haremos actuaciones de invitados y si alguien nos pide la mano entonces ya habrá que pensar más en acomodarse a la línea de la programación.

Es una tarea fácil o difícil, según toque, porque en Hungría los 5 grandes festivales que hay los lleva la misma empresa. Si les gustamos estaremos en todos y si no les gustamos no estaremos en ninguno. Son dos críticos, un director y un dramaturgo. Van a ver las obras durante el invierno y si la cosa funciona, creo que el primero importante es el Poszt Pécs y luego viene el Őszi fesztivál.

S.: ¿En Hungría ya has trabajado para algún teatro?

CARLOS: He trabajado para el Merlin, en el Festival de Ultramar. A los teatros les gusta probar directores extranjeros, por lo exótico, aunque no creo que necesariamente de España, sino más bien en general. Se habían comprometido a montar las obras españolas que se habían traducido.

S.: ¿Siempre tocas autores españoles?

CARLOS: Hasta ahora todavía no me he desenganchado de eso. Pero es una cuestión que no tiene que ver con los húngaros sino con los españoles. Los españoles cuando dicen que te van a apoyar un proyecto es porque tiene alguna conexión con algún texto español. Entonces claro, a los húngaros les interesa ese apoyo económico, porque rebaja muchísimo sus gastos de producción. Y es todo como una pelota. Hasta que tu no seas un director que tengas un sello propio no vas a hacer lo que te de la gana, ni va a venir el teatro a preguntarte qué quieres hacer.

La ayuda que ahora hemos recibido es porque el autor es español, aunque desconocido o joven y la obra está vagamente inspirada en Cervantes, que queda como una especie de mecenas, ahí detrás.

S.: ¿Y cuándo estás pensando en liarte con un teatro, estás pensando en teatros de Budapest o del interior?

CARLOS: No me quiero liar con ningún teatro. Yo lo entiendo como un trabajo de encargo. Si un teatro me llama para hacer algo, lo haría con cualquier teatro. Si me llamaran de Szeged o Kaposvár para dirigir una obra lo haría encantado. Me interesaría una alianza parecida a la de Krétakör. Ese es el modelo, en el sentido que es una compañía independiente que presenta sus obras en distintos espacios, ahora en Thália, ahora en Vidám, por ejemplo.

Trabajar en plantilla de algún teatro tiene ventajas pero también desventajas. La desventaja es que eso se puede convertir en un funcionariado y entonces el teatro va a la oficina, digo el actor va a la oficina. Y está en 15 obras. “-¿Qué toca mañana? -Mañana toca Ibsen y pasado mañana Pintér y luego tengo una película en no sé dónde”. Eso a veces convierte a los teatros en fábricas, en industrias. Además las obras difícilmente se ensayan más de un mes y medio y esto ya se va alejando del arte, del trabajo a conciencia.

S.: Y con los actores, ¿cómo te manejas con el tema del idioma?

CARLOS: Trabajo siempre con una tolmács, que es una santa. Nos conocemos bien. Aunque en esta última también me he animado a intervenir en húngaro. En situaciones muy concretas, con instrucciones muy claras, me he animado a hablar directamente.

La traducción cansa. Pero ahora no siempre tiene que ser en las dos direcciones. Cuando yo me lío en español, entonces pasa por el intérprete; pero cuando ellos me dicen algo en húngaro, muchas veces no es necesario que la intérprete lo traduzca al español. Y ocurre otra cosa interesante también, que es que entre los actores y el director hay un lenguaje no verbal. Con una palabra en el momento preciso, en el contexto adecuado, ya no hacen falta explicaciones. Lo entienden y viceversa. A veces un gesto o una mirada es suficiente. Por ejemplo con el túljátszik, cuando el actor sobreactúa, cuando el actor se pasa, una mirada y el actor ya me ha entendido perfectamente.

Mi ilusión es repetir con los actores. Uno de los 3 actores ya estuvo conmigo en Tomeo y eso facilita las cosas enormemente. Él ya me conoce a mi. Yo ya lo conozco a él y entonces hay muchas veces que ya sabe por donde voy. Ya sabe lo que necesito en este momento y viceversa.

S.: ¿Y qué fue lo de Tomeo?

CARLOS: “Los misterios de la Ópera”, pero sonaba como “Rejtélyek az operában” . Fue un suicidio, una locura. Existía una adaptación de unos valencianos, pero ni a Javier ni a mi nos gustaba. Es una novela corta, yo estaba dudando, pero cuando me dijo que podía reescribirla a mi gusto acepté e hice una adaptación prescindiendo completamente de la que había. Le gustó y la montamos. La tradujeron y la montamos. Pero fue un trabajo durísimo con actores viejos, de edad y de mentalidad. Estaban Vallai Péter del Vígszínház y una mujer que se llama Bordán Irén, una pesadilla.

S.: Y volviendo al principio, ¿cómo llegaste a Hungría?

CARLOS: En bus. Crucé Europa en autobús. Vine de Berlín. Lo que pasa es que pasé por Francia e Italia en un viaje que duró casi una semana, pero yo sabía que venía a Hungría. Fue hace 6 años. Apenas lo había decidido una semana antes.

Una pareja de húngaros fueron los que empezaron a hablarme de Budapest. Nosotros, ya sabes, no conocemos nada de Hungría, poco más que formaba parte del Imperio Austrohúngaro. Había gente que me decía si no tenía miedo de irme a los Balcanes o a Bucarest. Hay un gran desconocimiento. Recuerdo que visité Barcelona un mes después de estar aquí. Recorrí las librerías, las grandes, a ver qué podía encontrar de literatura húngara en español. Ahora hay más pero en aquel entonces había 4 cosas. Se acababa de publicar la de Márai y estaba el libro de familia de Nádas Péter. También había alguna cosa de Esterházy y poco más.

Yo estaba buscando un año sabático. Estaba escribiendo. Y escribir en Londres, en Berlín o en París es carísimo, porque tienes unos recursos que se te agotan en seguida. Lo que yo quería era escribir y trabajar lo mínimo, porque ya si te sientas en la dinámica de trabajar, ya no escribes. Era cuestión de trabajar lo justo y tener el máximo de tiempo libre posible.

Quería estar lejos. Por eso me fui de Barcelona. Eso lo tenía claro, no sabía donde poner el huevo, digamos, pero lo que tenía claro era que no quería estar en España y cuánto más lejos mejor. En Barcelona habían sido 10 años de una actividad frenética, con millones de cosas, buenas, malas, de todo. No es que tuviera exactamente mal rollo, lo que tenía era una sensación de cansancio, de hartazgo y de necesidad de encontrar cosas nuevas, distintas, completamente diferentes.

S.: ¿En Barcelona que hiciste esos años?

CARLOS: En Barcelona, entre otras cosas, tuve una compañía, que duró 4 años. No estuvo mal. Trabajé también durante un año en la sala pequeña del Instituto del Teatro y en Terrassa en la Lonja. Allí había grupos de teatro amateur que me llamaban para dirigir sus obras. Pero no había nada que me atara, nada lo suficientemente jugoso, potente, ni atractivo. Y dije: “-Bueno, vamos a vivir la aventura.” Nunca imaginé que podría dirigir o montar cosas fuera de Barcelona. La idea solo era vivir, escribir.

S.: ¿Y lo que has escrito?

CARLOS: Irónicamente lo que estaba escribiendo todavía no está terminado. Mi relación con la escritura es desde 2 lados. Uno para la práctica, por ejemplo para montar una obra concreta. La otra forma de acercarme a la escritura es lo menos práctica que te puedas imaginar, llámalo experimental, llámalo como te dé la gana. Es el teatro que yo imagino o que a mi me gustaría. Es un placer enorme escribir así, sin ataduras, pero esa es la parte menos desarrollada, porque luego viene lo práctico y la realidad se impone, y más ahora que he entrado en una dinámica como la de Barcelona. Vuelvo a no tener tiempo para mis aventuras personales.

Por ejemplo, el año del Quijote teníamos una propuesta que quedó en proyecto, no acabó de cuajar. Y eso era algo práctico, porque era una cosa que si la hubiéramos llevado adelante podría fácilmente haber terminado en escena. Pero para hacerlo habría tenido que desaparecer por un par de meses y escribir, porque una cosa así no la puedes hacer en el tren ni por la noche después de una jornada laboral brutal.

S.: Estás haciendo bastantes cosas. ¿No tienes también un curso de teatro en el Cervantes?

CARLOS: No, en el Cervantes lo proponen cada año, pero para que funcione habría que hacer una búsqueda artesanal de la clientela. En la ELTE, para los alumnos del departamento de español, sí habíamos hecho un taller de escritura, en el que ellos escribían teatro, con una serie de dificultades, a partir de unos ejercicios concretos de dramaturgia. Para una cosa así tienes que tener un nivel de español medio alto y te tiene que interesar mínimamente el hecho de escribir teatro. En realidad no es como algunos piensan algo tan profesional y solo para “escritores” sino es más bien algo lúdico y divertido.

Mi trabajo principal durante el invierno es la coordinación de departamentos de teatro en los bilingües. Hay 5 ciudades que están en el proyecto. Cada semana las visito. Está Budapest y cada semana voy a Miskolc, a Szeged, a Pécs y a Debrecen. Hay un festival, abierto, que este año se hace en Budapest y se presentan los trabajos de todo el año de los 5 institutos. Desde octubre hasta abril se van preparando las obras y se presentan durante 2 días en Kőbánya-Kispest. Este año será a principios de abril. Va a haber 4 obras largas y 4 pequeñas. Trabajar con adolescentes me encanta. Es un regalo.

S.: ¿Y ahí el proceso de creación es como en esta de los milagros?

CARLOS: Ahora estoy desarrollando 3 fórmulas más o menos distintas. En una digamos que yo soy el promotor más directo; en la otra los profesores y en la tercera fórmula, que es la mayoría, los alumnos participan también. Esta es la que yo estoy empujando. Todas las piezas son de autores españoles, es una condición que nos pone el Ministerio de Educación. Hay una adaptación de un clásico que es mía, y luego creaciones colectivas.

Este proyecto se está expandiendo ahora a la República Checa, a Bulgaria y a Rumanía. La fórmula es que yo visito estas ciudades trimestralmente y trabajo con los profesores de los institutos. También hay un festival internacional que este año es en Sofía y yo me encargo de la inauguración.

S.: Por último y como dato a los actores españoles que quieren sacar sus obras fuera de España, ¿como pueden hacer para traer obras aquí a Hungría?

CARLOS: La única fórmula más o menos realista es que pase por Emilio Vilanova, por Exteriores y Cultura de la Embajada. Ya se ha hecho. Ellos asumen los gastos del viaje y el teatro los gastos de la representación. Es cuestión de proponerlo cada año en la fecha adecuada, antes del 15 de diciembre para traerlo durante la temporada siguiente.

También hay teatros, como el Trafó, que son ellos los que quieren traer compañías de fuera. Pero tienen que estar en su línea. El Trafó es muy vanguardista y suele traer compañías americanas, inglesas y alemanas. Creo que son los únicos que lo hacen de forma regular.


"El cuarteto de los milagros" (Csodakvintett) se presenta los próximos 31 de enero y 1 de febrero, a las 19 horas, en el Teatro Tivoli (Bp. VI Nagymező u. 8. Tel.:06/1/351-6812)

Dossier de la obra

Mundos paralelos

por Aranyos Eszter

A Borges lo descubro cucaracheando, en movimiento y poco a poco. Normalmente yo no voy a él, sino que él se mete en mi mundo, con insistencia y parsimonia.

Hace 17 años tuve el primer encuentro con el escritor argentino, en clase de –y gracias a– Andrea. Cada semana venía con una novela diferente, y nos dejaba a todos impresionados. Teníamos que leer, analizar y traducir partes de las piezas. Era tal la inmersión, que trabajar con ellas era como vivirlas. Mi preferida era La biblioteca de Babel. Primero fue descubrir los símbolos, de a poco. Los libros. Los caracteres. La escalera. El espiral. El hexágono. Luego la Biblioteca ilimitada y periódica compuesta de galerías hexagonales. Universos paralelos donde, si uno buscase durante un tiempo indefinido, podría encontrar su Vindicación, “o alguna variación pérfida”.

También tengo grabada en la memoria una historia de Andrea y Borges, que probablemente me haya inventado entre lectura y lectura y que me he ido repitiendo a mi misma durante los últimos 15 años. No lo sé. Andrea tenía una entrevista con él en Buenos Aires, y hacia allí volaba cuando se enteró, en el mismo avión, que había muerto justo el día anterior. Más que una simple tragedia si a mi profesora húngara agrego la de una decena de personas que desde distintas y distantes partes del mundo, ese mismo día, habían acudido a una cita imposible.

Pasaron los años, ¿y quién lo diría? caí rendida como una mariposa en celo frente a uno de sus paisanos, otro argentino. Bueno, en principio no parece ser tan difícil, ya que dicen que están por todas partes, pero de primera sentí que nos conocíamos de algún lugar lejano, de otro mundo. Por Argentina jamás me había sentido atraída, no estaba en mi lista de países favoritos, ni mucho menos.

Y tirando del hilo, al final, este verano, estuvimos allí, en la capital más europea y más familiar de América Latina que jamás haya visto. Estar en Buenos Aires era como estar en casa.

Uno de esos días, paseando por San Telmo, el barrio natal del tango, nos llamó la atención un teatrucho de nombre pretencioso, que más parecía una sucursal de la ONU que un teatro. Se llamaba algo así como CELCIT, “Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral”. De la curiosidad por lo impensable pasamos a la sorpresa cuando mi querido maromo dijo que justo ahí mismo se reunía con su banda de amigos en los ’80. Entonces el teatro se llamaba “El Parque”. Para rematar, y leyendo en detalle, descubrimos que el director del teatro no era otro que Carlos Ianni, director de “Cita a ciegas”, la misma obra que Andrea estaba traduciendo al húngaro.

E ir al “Cervantes” a ver la obra de Ianni fue simplemente dejarse llevar por la acumulación de coincidencias. Vimos el Buenos Aires de Borges, o mejor, vimos Buenos Aires con Borges, o mejor todavía, vimos a un viejo ciego sentado en un banquito escuchando con suma paciencia historias ajenas. Y el viejo, de un verbo precioso, dio y preguntó hasta que finalmente descubrió la famosa conexión babeliana de los mundos paralelos, y el círculo se cerró, y nos fuimos a comer una pizza a la calle Corrientes.

Ahora, en Hungría, las cosas fluyen tranquilamente. Unos están contentos, otros tristes. Unos se curan, otros se enferman. Unos descubren la razón de su vida, otros empiezan a perder el rumbo. Y todos, lentamente, vamos engarzando las piezas sincrónicas de cada universo paralelo.

Dentro de dos semanas, el 16 de febrero de 2007, se presentará en Miskolc, por primera vez en Europa, Cita a ciegas.

Dossier de la obra

Noches de celuloide

por Gastón Dirk

Mi relación con el cine no es común, supongo que muchos compartirán esta memoria de la infancia, pasando tardes de vacaciones escudriñando con la mirada la luz catártica del televisor, que es infinitamente mejor que la realidad cuando se es niño.

Las imágenes en blanco y negro de los detectives privados como Sam Spade (Humphrey Bogart en “El Halcón Maltés”), Philip Marlowe (Bogart en “The Big Sleep”), Mike Hammer, o agentes secretos como James Bond (sobre todo Sean Connery) y el joven Ethan Hunt (Tom Cruise en “Misión Imposible”) son figuras que más o menos quedan marcadas en la infancia.

¿Quién no ha soñado con ser agente secreto? Mafioso como Al Capone (De Niro en “Los Intocables de Elliott Ness”), Michael Corleone (Al Pacino en “El Padrino”) o Jimmy Conway (De Niro en “Goodfellas”), vaquero como Clint Eastwood en la “Trilogía de dólares” de Sergio Leone o Charlie Bronson en “Once Upon A Time In The West”. Podría continuar: Lee Marvin, John Cassavetes, James Dean… todos son iconos, mitos, figuras que prácticamente superan al mismo dios del trueno Zeus.

No sería nada descabellado decir que estos actores moldean con sus interpretaciones las personalidades de gran parte de la población “civilizada”. Uno siempre puede recordarse citando una película, encontrando analogías entre un film y una experiencia propia, o imitando los gestos y palabras de estos personajes. El llamado séptimo arte es una bendición. La conjunción perfecta entre arte pictórico/visual y literatura. Una imagen vale más que mil palabras, pero si las mil palabras se superponen a sucesiones de imágenes, el resultado es asombroso y totalmente artístico.

Con el tiempo he observado que el cine es un pasatiempo para el llamado “vulgo”, una actividad recreativa de fin de semana para amenizar los días de trabajo o de estudios. Después existe una cierta sociedad secreta, si se le quiere llamar así, que es la casta de los intelectuales, que no solo se tragan diez veces más películas, sino que también se interesan por aquellas producciones artísticas o vanguardistas, que para el “vulgo” resultan aburridas, insoportables y pesadas por solo mencionar unos pocos adjetivos de los que suelen usar para referirse a estos films.

Yo sin embargo (y confesando que me gusta mucho el cine popular) pertenezco a la casta intelectual (y esto no es pretensión, es un hecho). Admiro a directores de cine independiente, como Jim Jarmusch, que exprime el absurdo de las situaciones más cotidianas, o Werner Herzog, siempre inmerso en la oscura jungla, que es la psique humana y los sueños imposibles. Las divagaciones de carácter marxista y existencialista con toques de cine negro de Jean-Luc Godard (un verdadero merecedor del calificativo “genio”), la sexualidad explicita inherente al ser humano y la representación de los instintos en las historias de Bernardo Bertolucci, la metáfora de la vida como un recorrido por largas autopistas en las obras de Wim Wenders o la genialidad de Garci, entre otros.

Perteneciente a esta subcategoría del cine, que es el cine artístico, se encuentra un film en concreto que cuenta entre mis primeras impresiones húngaras: “Kontroll” de Nimród Antal: un debut excepcional para el director, muy buena banda sonora, guión adecuado, personajes perfectamente perfilados, situaciones cómicas, misterio, un reflejo fiel de la especial atmósfera que se respira en el metro de Budapest.

Sinceramente no he encontrado a muchos húngaros que alaben esta película, pero yo sinceramente opino que es una obra hecha con maestría sobre todo si se tiene en cuenta que es el primer trabajo del joven director. No por nada es la primera película húngara en aparecer en el prestigioso Festival de Cannes en los últimos 20 años.

Para seguir con Hungría, hay dos directores que personalmente tengo en un pedestal y son: István Szabó y Béla Tarr.

Como es bien sabido, al menos entre cinéfilos, István Szabó es el director mas aclamado por la crítica en la historia del cine húngaro y probablemente el cineasta más conocido que este país haya dado. Sus filmes artísticos de los 60 y los 70, son de lo más sutil: “Apa”, “Szerelmesfilm”, “Tűzoltó utca 25” o “Budapesti mesék” entre otros. Sin embargo su gran paso fueron los tres trabajos que yo considero el punto álgido de su carrera, junto al actor austriaco Klaus Maria Brandauer, que fueron su adaptación del Fausto “Mephisto” (que le valió el Oscar a Mejor Película Extranjera” y ha sido hasta ahora el único Oscar concedido a una producción húngara), “Redl ezredes” (ganadora del premio del jurado en Cannes) y “Hanussen” sobre el ocultista Erik Jan Hanussen, simpatizante del régimen Nazi a pesar de su origen judío. Estos tres films son una crítica totalmente abierta, sincera y certera al fascismo y se sumergen en la conciencia humana con fuerza, apoyados en una gran carga de simbolismo visual. Szabó ha realizado varios trabajos en los Estados Unidos junto a actores de Hollywood como Ralph Fiennes en “Sunshine” y más recientemente Jeremy Irons y Annette Bening en “Being Julia”.

Por otro lado el director Béla Tarr, algo más experimental en la esencia de sus trabajos, es otro personaje en el mundo del cine que tengo por fascinante. Su primer trabajo “Családi tűzfészek”, comparado por la crítica con las obras de John Cassavetes como director, es una crítica social, con un pequeño apartamento como escenario que le da un aire ciertamente claustrofóbico. A partir de aquí sigue realizando películas de gran calidad artística pero de estilo similar como puedan ser “Szabadgyalog” o “Panelkapcsolat”.

Su adaptación televisiva de Macbeth significó un cambio radical en su forma de hacer cine y pasó a tener una cualidad más metafísica que realista. Con experimentos visuales interesantes como el rodar dicha adaptación de Shakespeare en dos tomas: una de 5 minutos y otra de 1 hora. Su adaptación de la novela “Sátántangó” del escritor László Krasznahorkai es una película épica de 7 horas que llevó más de 7 años en hacerse. En estos últimos trabajos, Tarr optó por tomas largas de hasta 10 minutos. Con sus películas más recientes como “Werckmeister harmóniák” y “The Man From London” que sigue en preproducción, retrasada desde 2005 debido en parte al suicidio del productor, el director recibe más calurosos aplausos de la crítica en general y aún tiene mucho que dar, o eso espero.

Terminadas estas divagaciones sobre mis dos directores húngaros predilectos me gustaría confesar, simplemente a modo de apertura de la sección, los momentos mágicos que el cine provoca. Las cosas más triviales se vuelven fundamentales como dijo Enrique Bunbury, cuando por ejemplo Tom Waits e Iggy Pop comparten una taza de café en “Coffee & Cigarettes” de Jarmusch y luchan por resistir la tentación al paquete de tabaco que alguien ha dejado sobre la mesa. La escena de “Banda a part” de Godard en la que los protagonistas atraviesan el Louvre corriendo. La escena de apertura en “Sátántangó” de Béla Tarr con las vacas y los dos chicos caminando por la calle con la basura moviéndose por el viento a su alrededor. El cine es definitivamente el vehículo de expresión más poderoso de todos los que hay.

En las calles de Budapest, donde toda clase de individuos acechan en las esquinas, muchas veces me siento, como si estuviera en una película, bellamente rodada y con un guión imprevisible.

lunes, enero 08, 2007

2006 callejero, caliente y movido, por arriba y por abajo

El paradigma tempo-circular, dualista, organizado básicamente en el esquema de la vida y la muerte, nos enfrenta a un pasado imaginario constantemente. Si normalmente para percatarnos de la importancia de la reflexión última, necesitamos del estrépito de los fuegos artificiales, las campanas o los petardos, este año fue a lo bestia y la tierra tembló. El terremoto se produjo a las 14:39 horas en Gyömrő, cerca de Budapest. El epicentro se ubicó a unos 10 ó 15 kilómetros bajo tierra y los técnicos lo calificaron de 4,1 según la escala Richter.

En el tiempo que transcurrió entre el seísmo y las 12 de la noche no pudimos menos que preguntarnos si aquello había sido una buena o una mala señal. Buscamos otros símbolos para cotejar. Recontamos los parientes vivos, nos miramos la panza y sudamos pensando en todo lo que habíamos comido y lo que vendría. Revisamos, por último, como iba la sopa de pescado y nos sentamos en el sofá a hojear los números especiales 2006 del HVG o la Naranja mecánica en busca de una conclusión más o menos lógica para el año que se iba a ir y sobre todo para el que se venía.

El 2006 quedó impensable sin sus manifestaciones, sin sus manifestantes. Quizás nos pasamos de mambo con una o dos piedras, o quizás lo de prenderle fuego a los coches no fue exactamente como para ponerse orgullosos. Pero lo de andar moviendo los tanques fue un imperdible, seguro.

El movimiento político hacia Europa nos obliga a entrenarnos democráticamente. Y el 2006 fue todo un despertar, después de unos lánguidos años desde aquellos primeros revuelcos de principios de los ’90.

Espero que disfrutéis con esta colección de artículos de “2006 callejero, caliente y movido, por arriba y por abajo” y que os animéis, quienes viváis o hayáis vivido en Hungría a escribir en las próximas ediciones. Solo tenéis que enviarnos un e-mail y os contestaremos a la brevedad indicándoos formato y tema.

2006, el secreto de una dieta equilibrada a base de patatas

por Sebastián Santos

2006 es el tercer año para Hungría como socio de la Unión Europea y pese al malestar general de septiembre y octubre pasado, un breve repaso al círculo próximo de amigos me arranca una animada sonrisa. Sin atreverme hacer una declaración pública en apoyo a la política neoliberal y de ajustes en curso, no puedo menos que decir que vamos bien.

2006 fue un año movido y estimulante con bajones más propios de la agitada vida moderna que de un macabro plan para destruirnos. Incluso, me atrevo a asegurar que las pálidas del año que se fue fueron, simplificando, naturales, sobre todo relacionadas con los desequilibrios en la dieta. Estuvimos mucho más influenciados por los vaivenes del universo vegetal que por los grotescos esfuerzos de los políticos por divertirnos.

Mi hipótesis inicial consiste en afirmar que las variaciones en el precio de los alimentos determina la cantidad y forma en hacemos uso de los mismos. A partir de aquí, los 3 meses de crisis de 2006, febrero, mayo y agosto, se explican, desde esta óptica nutricionista, por la variación extrema del precio de la comida, fundamentalmente de los vegetales básicos de la cocina húngara.

Así, febrero fue uno de los meses negros justamente porque el kilo de paprika alcanzó los inigualables ¡710 Ft! Y si combinamos la escasez de semejante valor nacional en la mesa húngara, con la insultante visita de Toni Blair, ya no son de extrañar las prematuras muertes que asolaron el mes, el abandono de empleos en rechazo a contratos leoninos y los ataques de soledad de los que no pudieron acompañar a sus parejas en sus viajes al extranjero para cuidar a su familia.

Tal es la desproporción de universitarios en el mercado laboral que muchas veces llegan a aceptar trabajos sin salario alguno solo para coger experiencia, con la esperanza de que en un futuro, un currículum más abultado los coloque en mejor posición frente a los demás.

En mayo fueron las patatas a ¡580 Ft. el kilo! ¡Un robo! Y de ahí el escándalo Kulcsár y vuelta a las despedidas. Esta vez no fueron los sesentones los que nos dejaron, sino los viejos, los de la muerte anunciada, aunque por eso no menos sentida. Volvieron, a montones, a dejar sus trabajos esclavos y el plan de reformas urbanísticas de la ciudad acabó por desalojar tradicionales inmuebles para que el capital extranjero los transformen en lujosos edificios.

Y si antes mencioné los contratos basura, aquí hay que hablar de los contratos de explotación, donde aunque los salarios son considerablemente superiores, ya que me estoy refiriendo a la venta inmobiliaria a extranjeros, la dedicación es de 24 horas, 7 días a la semana, y contra factura, ocultando con ello la relación de dependencia.

En agosto, con los frescos, alegres y jugosos tomates tirados de precio (a 271 Ft. el kilo) se acentuaron las contradicciones. Tal vez porque cuando nos ponemos requete contentos abrimos tanto el grifo que dejamos salir risas y miserias sin distinción ni criba. “Corté con J.” “Corté con E.” No fue raro escuchar como acababan viejas amistades. Otros simplemente lloraron al terminar la fiesta cuando fueron a despedir a tan fantásticas visitas al aeropuerto.

Y como cada agosto, subió la cuota de viejos muertos. Antiguamente se morían en invierno, ahora, en la acogedora y confortable Europa, lo que no logran soportar es el calor.

Pero como decía al principio las desdichas de 2006 no fueron las más; al contrario, el pasado año estuvo lleno de aventuras y nuevas propuestas. Cuando pregunté por los mejores momentos del año, todos, en seguida, me hablaron de viajes, de jugosas y divertidas lenguetadas camaleónicas por Hungría, Europa (incluyendo la futura Turquía) y América.

De Hungría recogí como típicos destinos de vacaciones el inimaginable Miskolc, Eger, Aggtelek, Velence, Balaton, Kapolcs, Esztergom, Siofok, Rackeve, el perdido Morahalom o Harkány. De Europa, Barcelona, Helsinki, Hamburgo, Roma, Madrid, Lisboa, Ankara, Viena o Zagreb. Y de América, Buenos Aires o Greenville.

En julio, en Hungría, no quedaron ni los perros. Huimos. Huimos del precio escandaloso de la cebolla, ¡a 154 Ft. el kilo! Y en vez de asustarnos, festejamos alegremente el mínimo histórico del forint, que se situó a 284 frente al euro.

Después de los viajes, es de destacar el espíritu emprendedor y novedoso del año muerto. Además de salir el número 1 de El Quincenal, hubo de todo, y todo apasionante y en movimiento ascendente. Hubo bodas, embarazos, bebés, pisos, reformas y muebles nuevos.

Paralelamente, como ya comenté, si bien se perdieron algunos trabajos, siempre aparecieron nuevos, llenos de nuevas ilusiones. Yo, por ejemplo, empecé en la Lauder, donde sigo contento como una pera y donde por fin logré que me hiciesen un contrato en regla y me diesen el bendito carnet nacional de profesor.

Hubo también poderosos eventos internacionales, como el famoso Congreso Catalán, y se publicaron cientos de libros, que por elegir alguno divertido os recomiendo la traducción al húngaro de Maitena.

De broche, con o sin hijos, y por mencionar 2 universos paralelos que ayudan a un mundo mejor declaro un aplauso general a las estudiantes de la carrera de intérprete y de éloforras, que resulta algo así como “energía vital”.

Ordenando los datos que recogí, resulta, y tampoco es de sorprender (porque digamos que es cuando en esta parte del globo declaramos inicio “lectivo” del año) que en septiembre, vacaciones fuera, se produjeron la mayoría de las alegrías que acabo de mencionar.

Y si todavía estábamos algo abrumados por el calor que no se iba, la movida de Kossuth Tér y la brutal toma de la televisión seguro nos terminaron de espabilar y nos ayudaron a mirar claro y con perspectiva hacia el futuro.

¿La verdulería? De lo más tranquila, estable, sin precios máximos ni mínimos. Cada cosa estuvo en su lugar y a su justo precio. Las patatas a 101, las cebollas a 141, la calabaza a 95, los tomates a 295 y la dichosa paprika a 268. Como si la base de un buen proyecto fuese, para empezar, una buena y equilibrada dieta. Plaza tranquila, mente abierta.

Para terminar imprescindible destacar el buen recuerdo que todos guardan de las fiestas con los seres queridos. Los regalos, la Navidad, el año nuevo y sobre todo las lentejas del 1 de enero, el szukot, las fiestas de la escuela, los cumpleaños, el día del nombre, el día de la madre, las reuniones con viejos amigos de la universidad y ese batallón de nuevos colegas que fuimos reclutando de fiesta en fiesta, de bar en bar.

El mes de la amistad, y así lo declara mi encuesta, fue octubre, inundado de fiestas de calabaza al horno con miel. ¡Un kilo de calabaza solo 89 Ft.!

Paradójicamente, mientras unos se amaban, alrededor de Astoria la policía repartía balas de goma y pegaba, a diestro y siniestro con la “vípera”, festejando el aniversario de la revolución del ’56.

Fuentes:
Instituto Nacional de Estadísticas
Encuesta 2006 del Quincenal de Hungría

Cronología de 2006, Hungría

por Eszter Aranyos

1 de enero: Problemón de gas

Kijev no acepta la subida drástica de Gazprom y la empresa rusa termina cortándole el suministro de gas. Aunque en Hungría no llega a repercutir la suspensión temporal del gas ruso, el gobierno inicia una serie de medidas para intentar reducir la dependencia de Rusia. Actualmente el 80% de gas consumido en Hungría proviene de Gazprom.

27 de enero: Szabó István sale del armario

Sale a la luz que el premio Oscar István Szabó, famoso director de cine, fue, durante años, agente secreto de los Servicios Secretos del Estado. El director no niega las acusaciones, pero se defiende argumentando que con ello pretendió salvar a un compañero suyo de la universidad.
(Ver El Quincenal de marzo )

5 de febrero: El virus H5N1 en Hungría

Detectan por primera vez el virus H5N1, de la gripe aviar, en el territorio de Hungría. Se trata de unos cisnes localizados en Nagybaracska y Csátalja. En junio el virus alcanza a las aves domésticas. Dos provincias, Bács-Kiskun y Csongrád, entran en cuarentena hasta agosto. Los daños estimados son de 20.000 millones de Ft (80 millones de €).

22 de febrero: Biblioteca devuelta

Regresa a Hungría la antigua biblioteca calvinista de Sárospatak, robada y llevada a la Unión Soviética en 1945. La biblioteca posee libros que datan e 1460. Rusia recibió, del Estado Húngaro, una contraprestación de más de 400.000 dólares, y otro millón de la fundación Mol. Hay todavía más de 60.000 obras de arte en el territorio de la ex URSS, llevadas tras la Segunda Guerra Mundial.

14 de marzo: El caso Combino

Llega a Budapest el primero de los 40 tranvías más largos de Europa, llamados Combino, de la empresa Siemens. Durante todo el año no dejan de acarrear problemas: rotura de cables, paro de tráfico, necesidad de reconstrucción de las paradas y las columnas, y al final, cambio del director de la empresa de transporte público de Budapest (BKV).

4 de abril: Récord de inundación del Danubio

La mayor inundación del Danubio alcanza su tope en Budapest, pero, por suerte, no causa ninguna catástrofe porque al tercer día ya empieza a menguar. En el sur del país, sin embargo, donde la inundación del Danubio llega en el mismo momento que la de Tisza, origina una dramática lucha contra la naturaleza, que dura dos semanas.

9 y 23 de abril: Quinta elección parlamentaria

Es la primera vez en la democracia húngara, después del cambio de sistema, que reeligen al grupo en el gobierno. Vence nuevamente, y por 24 diputados, la coalición del MSZP y el SZDSZ.
(Ver El Quincenal de abril)

3 de mayo: Empieza el juicio de Kulcsár

Empieza el mayor juicio penal de Hungría por malversación económica. La causa alcanza los 20.000 millones de Ft (80 millones de €), y en el banquillo están Attila Kulcsár, ex broker del Banco K&H y 22 de sus compañeros. Todavía hoy no se ha abierto el proceso por responsabilidades políticas, aunque se espera para finales de 2007.
(Ver El Quincenal de mayo)

9 de junio: Se constituye el nuevo gobierno

Liderado por el anterior primer ministro, Ferenc Gyurcsány, con 13 miembros, se constituye el gobierno más pequeño desde 1989. Gyurcsány, como primer y pronto paso hacia la reducción de la burocracia, elimina el Ministerio de Interior, existente desde 1848, unifica el Ministerio de Educación con el de la Cultura, y el Ministerio de Justicia con el del Orden Público.
(Ver El Quincenal de junio)

22 de junio: Visita de Bush a Budapest

George W. Bush, a causa de las elecciones del senado estadounidense de noviembre, anticipa su visita en honor del aniversario de la revolución de 1956. Adorna su corta charla con constantes paralelismos entre la transición democrática húngara y la incipiente democracia de Irak. Los dos jefes de estado, entre otros temas, tratan la posible devolución de un histórico edificio del Castillo de Buda.

6 de julio: Punto máximo del Ft.

El forint, que durante dos años había oscilado alrededor de 250 por euro, en los preliminares de las elecciones, en marzo de 2006, empieza su lenta subida, para alcanzar, el 6 de julio su punto máximo, a 284 Ft. Para parar la inflación, el Banco Central Húngaro, desde mediados de junio empieza a incrementar el interés interbancario, alcanzando para octubre el 8%, en vez del 6% del momento inicial.
(Ver El Quincenal de julio)

20 de agosto: Tragedia en la fiesta nacional

La fiesta nacional del 20 de agosto, celebración de la fundación del país y del primer pan, termina con 5 muertos y varios cientos de heridos, a causa de la fuerte tormenta que empieza justo en los primeros momentos de los fuegos artificiales de la noche festiva. La investigación gubernamental culpa al Servicio Meteorológico y el Instituto de Defensa y Prevención de Catástrofes.

1 de septiembre: Nuevos impuestos

Se introducen las primeras medidas relacionadas con las restricciones y reformas necesarias para disminuir el déficit estatal: el IVA de algunos productos se eleva de 15 a 20%, suben las contribuciones de los empleados, introducen un nuevo impuesto de solidaridad para las empresas e incrementan los precios de gas y agua.

17 de septiembre: Declaraciones del primer ministro, empieza la revuelta

Sale a la luz una grabación interna del Partido Socialista, de mayo, donde el primer ministro reconoce haber ocultado durante el período de las elecciones el mal estado de la economía húngara y la necesidad de las restricciones urgentes. La manifestación instantánea delante del Parlamento se transforma en revuelta agresiva. Toman la sede de la televisión, y durante casi un mes no paran las luchas callejeras.
(Ver el Quincenal de octubre)

1 de octubre: Elecciones municipales

Victoria absoluta de la oposición: de 19 asambleas provinciales en 18 tiene mayoría; y de las 23 ciudades de rango provincial, en 15 tiene alcaldes. Pero no consigue la dirección de la Capital, gobernada desde 1990 por Gábor Demszky de los liberales.
(Ver El Quincenal de octubre)

23 de octubre: 50º aniversario de 1956

Durante las celebraciones oficiales del quincuagésimo aniversario de la revolución del ‘56, con 56 ilustres invitados de todo el mundo, llega a su cúspide la revuelta callejera. El caos se apodera de la ciudad: bombas de agua, granadas lacrimógenas, víboras, tanques, etc.
(Ver El Quincenal de octubre)

17 de noviembre: Aceptada la nueva Ley Hospitalaria

En el marco de las reformas sanitarias, aceptan las leyes sobre la transformación del sistema hospitalario en Hungría. Designan 39 hospitales especializados, y reducen el número de camas activas en 16.000, quedando un total de 44.000. La clave del cambio es la optimización de los recursos.
(Ver noticias de Economía de El Quincenal de noviembre)

2 de diciembre: Abre la exposición de Van Gogh

El Museo de Bellas Artes (Szépművészeti Múzeum) celebra su 100º aniversario con la apertura de la hasta ahora más cara exposición húngara. Esperan superar el récord de visitas, hasta ahora contabilizado en 350.000 personas. La última vez que la capital húngara pudo disfrutar la obra del famoso pintor holandés fue hace más de 100 años.

El año de la revuelta

por Kléber Mantilla

El fin de un año siempre será el momento oportuno para colocar el termómetro regulador de varios procesos de un país. Instante para evaluar, modificar y perfeccionar hechos determinantes de la vida pública, tiempo de colocar los sucesos mediáticos en el escenario histórico.

El año 2006 se inició con el anunció de nuevas autopistas y obras de infraestructura como la autovía M5 que conecta Szeged con Kiskunfélegyháza, y que para marzo enlazó a Budapest. Otra autopista llegó a la frontera croata y la M3 fue prolongada hasta Nyíregyháza y Debrecen, mientras la autovía M6, unió Erd y Dunaújváros. O la famosa compra de la compañía “British Airport Authority” que adquirió el aeropuerto Ferihegy de Budapest a un precio de 1.360 millones de libras, en un contrato para operar los próximos 75 años.

A partir de marzo se instaló una perforadora en la plaza Etele para la construcción del nuevo metro de Budapest, que ya consta de cuatro estaciones, y obras en la plaza Fővám. El consorcio Bamco, de empresas francesas, alemanas, austríacas y húngaras, construyen entre la plaza Etele y la plaza Baross un doble túnel de 7,3 kilómetros, con plazo hasta diciembre de 2009.

Después de un debate sobre el estado de la nación, el partido socialista (MSZP) ganó, en abril, al conservador Fidesz. El Primer Ministro Ferenc Gyurcsány fue reelegido tras vencer al líder del Fidesz, Viktor Orbán. Ya en el gobierno, se vio obligado a reducir los gastos públicos para aumentar las posibilidades de adoptar el euro en el 2010. Además el partido socialista ganó 190 escaños en las elecciones legislativas del 9 y 23 de abril. Fue el primer partido en ganar dos elecciones consecutivas desde el cambio de régimen en 1.989.

Por aquellos días, se realizó la manifestación en bicicleta Critical Mass, a favor del uso de las bicicletas como alternativa ecológica a los coches, con más de 30 mil participantes, incluido el Presidente de la República, László Sólyom. Se exigía aumentar los actuales 43 kilómetros de carriles para bicicletas a 500.

En tanto el Primer Ministro Ferenc Gyurcsány anunció la composición del segundo gobierno de la coalición del Partido Socialista y el Partido Demócrata Liberal (SzDSz) y la reforma de la Administración Pública con la supresión de 50 mil puestos de trabajo.

Simultáneamente se dio la alerta sobre inundaciones en Hungría. Fueron los ríos Hernád y Sajó, en la región de Borsod Abaúj Zemplén al noreste del país y luego el Danubio y el Tisza. La emergencia afectó a 412 kilómetros de riberas de ríos, y unas 11.700 hectáreas fueron cubiertas por agua. En Budapest, en cambio, Gábor Demszky consiguió su quinto mandato como alcalde de Budapest, el 1 de octubre. Mientras que Ferenc Gyurcsány, insistía en la necesidad de reformar la financiación del sector público en general y la sanidad pública en particular, hacia un modelo basado en el seguro.

No obstante, la filtración a la prensa de unas declaraciones de Gyurcsány causan una progresiva crisis política interna. Entre otras expresiones, se difundieron palabras grotescas del Primer Ministro. Además se lo escuchó decir que mintió al país sobre la situación real de la economía. Casi ipso facto y por varias semanas se registraron disturbios, organizados, en principio, por el partido opositor, el conservador Fidesz. Estas arrastraron a la quema de varios coches y al ataque del edificio de la televisión pública. Luego, las reacciones se incrementaron y algunos extremistas de derecha compararon los hechos con el levantamiento contra la ocupación rusa en el año 56, incitando a la desobediencia civil. A la larga resultó más afectado el conservador Fidesz que perdió su ya debilitada credibilidad. La emisión de las imágenes de los disturbios en todas las cadenas de televisión del mundo apenas influyeron negativamente en el turismo y la economía. Por el contrario, la aprobación de la Comisión Europea del Plan de Convergencia de Hungría para la adopción del Euro generó un respaldo total al plan de reformas del gobierno socialista.

Al mismo tiempo, el periódico Magyar Hírlap publicó la lista de los 100 húngaros más ricos. El primer lugar fue para el presidente del banco OTP Sándor Csányi, seguido del constructor Sándor Demján y del director del holding Videoton Gábor Szeles. El Primer Ministro Gyurcsány y el Ministro de economía, János Kóka, bajaron a los puestos 50 y 88, con fortunas calculadas alrededor de los 12 y los 8 millones de euros respectivamente.

Pese a todo, el lunes 23 de octubre, se celebró en Hungría el 50 aniversario del levantamiento contra la ocupación soviética en 1956. Los actos oficiales contaron con la presencia de dignidades internacionales que se sorprendieron al ver la violencia de la policía húngara, que reprimió a grupos de manifestantes en las calles. Resultado: 120 heridos y 100 detenidos.

Al finalizar noviembre el parlamento húngaro aprobó una ley para restringir la jubilación anticipada para que los empleados trabajen hasta los 62 años y el comité de asuntos laborales restringió el acceso de los trabajadores rumanos y búlgaros.

Y, en Dunaújváros se colocó la parte central del puente de la nueva autopista M8. El puente, que estará listo en el tercer trimestre de 2007, medirá 3.800 metros y la pieza pesa 8 mil toneladas.

Casi al finalizar el año, Hungría se vistió de luto, para despedir a Ferenc Puskás. El célebre futbolista fue enterrado en la Basílica de San Esteban.

El 2006 fue un sendero con muchas piedras filosas que se fueron tramando desde la política y la economía. En resumen, se podría resaltar: un aniversario revoltoso y agitado, una cuestionada reubicación de la economía en disparada y un replanteamiento de la obra pública con muchos beneficios. Un tiempo para despegar y nunca aterrizar.

Entre dos tierras

por Roberto Yanguas

Cuando alguien se va a vivir al extranjero por primera vez no es consciente de que va a dejar de ser ciudadano de su país para pasar a ser ciudadano del mundo. Esto, que en principio puede sonar vacío y artificial a primera vista, es un hecho que a muchos de los que hemos tenido la oportunidad de vivirlo en primera persona nos hace sonreir, asentir levemente con la cabeza y recordar viejos tiempos. En este, mi primer artículo en colaboración con el Quincenal de Hungría, evocaré algunos de esos recuerdos.

Septiembre de 2005 fue la fecha en la que pisé por primera vez suelo húngaro. Me habían concedido una de esas tan mal afamadas becas Erasmus. Y digo lo de mal afamadas por dos razones: una, porque dicen que los estudiantes Erasmus hacen de todo menos estudiar, lo cual en mi caso se corresponde con la verdad; y en segundo lugar porque dicen que si tienes pareja y te vas de Erasmus puedes ir olvidándote de la relación, pero ese es otro tema que merecerá ser narrado en otra ocasión. El caso, como decía, es que estuve viviendo en Budapest desde septiembre hasta las navidades de ese mismo año. En esos escasos cuatro meses tuve tiempo de aclimatarme a la ciudad y a sus gentes. Pero fue precisamente en 2006, tras el retorno vacacional, cuando empecé a sentirme cada vez más cómodo en Hungría. Hasta el punto de no querer regresar a España.

Para el que suscribe estas líneas, 2006 ha sido un gran año. Cuando me propusieron escribir este artículo me dijeron que debía de hacer un balance de 2006 sobre el tema que yo quisiera: cultura, sociedad, economía, etc. A estas alturas muchos de vosotros os preguntaréis que tiene exactamente que ver entonces todo lo que he contado hasta ahora con la temática de este número. Simplemente pensé que en mi caso el mejor balance que podía hacer de 2006 era el personal. Si alguien me plantease resumir el año que acabamos de dejar con una sóla palabra, mi respuesta sería sin lugar a dudas Hungría.

Dos mil seis siempre estará asociado para mi con idas y venidas por Rakóczi utca, línea roja de metro hasta Blaha Luzja tér, domingos varios grados bajo cero en Széchenyi, cervezas en el Szimpla, comidas en el Paprika, partidos de fútbol en Isla Margarita, atardeceres (y amaneceres) en Budai Vár, encuentros en Oktogon…

Por cierto que hace un par de meses tuve la oportunidad de volver por unos días a Budapest. Esta vez simplemente de paso. Cuando bajé en Keleti le dije a la chica con la que había estado viajando desde Cracovia “-ya estoy en casa”. Todo seguía tal y como lo recordaba. Fue una sensación extraña, hacía siete meses que había dejado todo aquello, pero fue escuchar “Jó napot” y sentir que nunca me había ido. De ahí que comenzara este artículo diciendo que cuando uno se va a vivir fuera acaba sintiéndose extranjero en todas partes, o algo así.

Por cierto, el día que volví a Budapest (lo cual por cierto no recordaba) era el aniversario de la revolución del cincuenta y seis… más imágenes para el recuerdo de un año fuera de lo común.

sábado, diciembre 23, 2006

¡Chócala otra vez! Festejemos la locura navideña

Para los que han venido a Hungría, desde algún país estadísticamente más rico, hay una pregunta insistente, de respuesta poco convincente. ¿Tú qué haces aquí? Miran desconfiando, sin llegársela a creer. En realidad no es tan complicado. Estos extranjeros no suman a las estadísticas de locos, borrachos o suicidas que caracterizan a una peligrosa parte de la población. Más bien ocupan sectores medianamente acomodados y pueden incluso abusar del buen nombre y prestigio de todo lo venido del antiguo y mítico “Occidente”. Pueden mirar la pobreza física y mental que se columpia en la ciudad con aire bohemio y hasta poético.Total, siempre les queda París, Berlín, Londres o Barcelona.

En fiestas las contradicciones se disparan todavía más. La locura se agita, los borrachos cantan a gritos “Feliz Navidad” en la parada del tranvía y el que nunca pensó en el suicidio mira con cariño las vías del metro.

Después de Hanuka y Navidad la mayoría nos volveremos a encontrar con aquellos que dejamos días atrás, nosotros mismos pero menos borrachos, con una chispa de locura siempre encendida y sobre todo vivos.

Espero que disfrutéis con esta colección de artículos de “¡Chócala otra vez! Festejemos la locura navideña ” y que os animéis, quienes viváis o hayáis vivido en Hungría a escribir en las próximas ediciones. Solo tenéis que enviarnos un e-mail y os contestaremos a la brevedad indicándoos formato y tema.

A las hostias en Kosovo y a las hostias en casa

por Sebastián Santos

Las Fuerzas Armadas Húngaras llevan 10 años en constantes cambios y reestructuraciones, intentando conjugar la optimización de recursos y la consolidación del reciente ejército profesional. Si bien esto representa un trauma para buena parte del personal de Defensa, que ve su situación laboral siempre pendiente de un hilo, en términos absolutos la partida ministerial no va a la baja sino al contrario, aumenta.

Digamos, que de momento con cierta habilidad, el gobierno logra un beneficioso y equidistante equilibrio como aliado europeo y estadounidense. Por un lado buena parte de los fondos de cohesión europeos se orientan a la mejora de las fronteras de la Unión; por otro, su mantenida fidelidad para con Bush le asegura una plataforma económica y tecnológica de cuidado.

Pero los aumentos no se reflejan en número de personas. Desde los anunciados planes camino hacia Schengen ya se han perdido unos 5000 puestos de trabajo, mediante la modalidad de despidos o jubilaciones anticipadas para las personas con por lo menos 25 años de antigüedad. Los recortes se realizan en base a la lógica del mejor uso de los recursos y la especialización y privatización de parte del aparato militar. En este marco, uno de los sectores más castigados es el de la salud. El Ministerio se desprende de una importante parte del personal sanitario, sobre todo de los de grado medio y bajo; y de los institutos asociados. Las explicaciones se esgrimen desde dos concepciones diferentes y complementarias: en cuanto a la salud física de los soldados, la de la privatización del sistema sanitario en general; y en lo que a la salud psíquica se refiere optan por minimizar su importancia y quitarle publicidad a los casos que podrían levantar escándalos. A modo de ejemplo comentar que para el próximo marzo se espera el cierre de la Red para la Detección y Prevención de Crisis, asociada al Ministerio de Defensa.

El esquema general de la organización de la salud en el ministerio se divide en tres grandes bloques: el de análisis del terreno, que se ocupa de examinar el estado del suelo y el aire en los lugares en el extranjero donde irán las misiones húngaras; el de acceso al cuerpo; y el del control médico periódico. En los exámenes de acceso al cuerpo participan tres departamentos: el de rendimiento físico, el de control médico y el psicológico, que se ocupa de diagnosticar el ICQ, el nivel de atención y los tipos de reacción del individuo.

En cuanto a los de control, una vez en activo, hay varios departamentos, dentro de los cuales se encuentra el de Salud Mental. La atención se dispensa en los propios cuarteles; en dependencias especiales; en el Departamento de Psicología del Hospital Militar, en casos graves; y alguna vez ha habido psicólogos en alguna misión, como en Kosovo o Irak.

La actual Red para la Detección y Prevención de Crisis, que he mencionado anteriormente, es un grupo multidisciplinario, que si bien no depende directamente de Defensa, sí presta servicio a su personal. En ella participan médicos, psicólogos, asistentes sociales e incluso curas. Para todo servicio solo hay dos psicólogas, una de las cuales trabaja con psicología simbólica y la otra con psicología individual, de la escuela de Alfred Adler. Ellas, además de participar en la Red, se ocupan del tratamiento terapéutico individual que suele ser de entre 5 y 20 sesiones de 50 minutos cada una.

Los problemas principales con los cuales trabajan son drogas ilegales, alcohol y tabaco. El caso de las drogas es algo diferente al resto desde que se ha eliminado el servicio militar obligatorio. Ahora la tolerancia es “cero”, con lo cual el trabajo de prevención es mínimo y la detección del consumo de drogas implica automáticamente el despido del cuerpo.

En los últimos tiempos se ha puesto hincapié en el tema del tabaco y para ello se organizan cursos para dejar de fumar donde se combinan los parches de nicotina con terapias basadas en el cambio de hábitos y comportamiento. Los resultados en el corto plazo son muy positivos. Después de 3 meses de trabajo más del 50% deja de fumar. Un libro de referencia es el reciente “¿Hay vida después de fumar?”, de Gyöngyvér Kugler, editado por el propio Ministerio de Defensa.

Otra terapia grupal, en activo, es la de reintegración de los soldados a su regreso de las misiones. Actualmente hay unos 1000 soldados fuera de Hungría, en Afganistán, Irak, Kosovo, Bosnia, Macedonia, Chipre y Egipto, en la península de Sinaí. Y, como es natural en el gremio, suelen padecer el sabido síndrome de desorden de estrés post traumático (PTSD). Las misiones suelen durar unos 6 meses y en algunas ocasiones 1 año, como en el caso del Sinaí. El regreso no suele ser fácil, tanto al cuartel como a su propia familia. Las separaciones son cosa común.

El curso se realiza después de una o dos semanas de haber vuelto a Hungría. Lamentablemente solo dura 10 horas durante todo un día. Ya que las crisis, de producirse, no suelen aparecer antes de los dos o tres meses, el curso básicamente intenta explicar o concienciar al soldado de los síntomas que puede llegar a padecer más adelante.

En resumen, los soldados, fruto de las guerras o de la inestabilidad laboral, presentan cuando toca, en su mayoría, dos cuadros opuestos: depresión, caracterizada por el desgano, el aislamiento y la apatía; y estrés, donde últimamente se han puesto muy de moda los ataques de pánico.

Por otra parte comparten el mal estado general de salud de toda la población húngara. Hungría es el primer país europeo en enfermedades cardiovasculares, el tercero en suicidios y uno de los primeros en cáncer, alcoholismo y tabaco. En este último los soldados superan en un 7% la media nacional. Y en conjunto, comparando con otros países europeos, la esperanza de vida es bastante baja: 67 años para los hombres y 70 para las mujeres.

Probablemente la reducción de profesionales de psicología en las Fuerzas Armadas mejorará las cuentas de Defensa, pero sin lugar a dudas dejará a los soldados en manos de los antidepresivos, por sugerir una solución rápida y al alcance de todos, prometiéndonos individuos adictos y si cabe, aún más violentos e impredecibles.

En cuanto a los psicólogos que en primavera se queden en la calle, como tantos otros profesionales que trabajan en el sector público, también tienen su consulta privada que en este caso puntual representa una cierta tranquilidad en lo económico. Yo he tenido el placer y la oportunidad de visitar a G. Kugler, quien además de terapias particulares se ocupa de hacer informes para peritajes judiciales, sobre todo en casos de divorcio y en lo relativo a la custodia de los hijos. Kugler es una de las pocas especialistas en Hungría en violencia familiar y de género.

Fuentes:

Ministerio de Defensa Gyöngyvér Kugler, 2006. “Van-e élet a dohányzás után?”. Budapest, Honvédelmi Minisztérium

Otra copa antes de irnos

por Gastón Dirk

Para la mayoría de los españoles, los países como Hungría, o los que en general se conoce como los países “donde hace un frío que te cagas”, suelen estar en Europa Central o Escandinavia y ser zonas de elevado consumo de alcohol. Arquetipos y creencias populares hacen de estos países los modelos idóneos de los grandes consumidores de alcohol.

Es el tercer invierno que paso en Hungría y mi amor por estas tierras va en aumento, al igual que mi amor por la bebida, aunque el “palinka” local no esté entre mis preferidas.

Es interesante investigar las raíces del alcoholismo, indagar en él, pero se debe tener claro que de llegar a alguna conclusión, esta no será más que una hipótesis, porque esta enfermedad viene dada por una serie de circunstancias demasiado amplia, como para inclinarse por una de ellas.

Para situarnos voy a empezar por enumerar una serie de estadísticas, que he estado recopilando, sobre el alcoholismo de los “magyares”. Se consume de 40 a 50 litros de vino por año por persona y 110 de cerveza. En varias regiones del país, se gasta de un 40 a un 60 % del sueldo en alcohol. Aproximadamente son 800.000 los alcohólicos registrados en Hungría y más de 7.000 personas mueren al año por cirrosis. A juzgar por estas estadísticas podemos decir que es un país en el que el nivel de alcoholismo es elevado.

Yo, como cronista de los abismos, y como artista decadente, conozco los ambientes bohemios de la capital. He visitado los “kocsma” (bares de mala muerte) mas degradantes, donde una capa densa de humo invade el lugar y los alcohólicos están a punto de enzarzarse en peleas con lanzamiento de taburete incluido. Y aunque he crecido y viajado por buena parte de España, diría que aquí son muchos más frecuentes, o al menos proporcionalmente, tomando en cuenta extensión y población.

En los países nórdicos, con una larga tradición en el tema, dicen que el alcoholismo y más allá el suicidio, tienen que ver con los divorcios y con el frío. Aquí es el frío: el cielo constantemente gris, la sensación de que en el aire algo no va bien, la oscuridad entristecedora. Y aunque sea una consideración algo poética seguro que el frío y toda su metáfora, conduce a la depresión y de la depresión al alcohol todos sabemos que hay solo un paso.

He estado toda la noche en vela tratando de desmarañar los secretos del alcohol. Y aunque suene contradictorio me la he pasado bebiendo, inspirándome en cada trago, pero nadie podrá acusarme de no involucrarme en mis escritos.

Hace apenas unos momentos, ahora son las 8:30 de la mañana, he bajado al clásico “supermercado de la esquina” y he podido recopilar mas información para el artículo. He observado que los clientes de género masculino que se encontraban comprando, recién levantados y todavía con legañas en los ojos, no llevaban mas que latas de cerveza o botellines de alcohol duro en la cestita de la compra. El alcohol parece estar al primer orden del día, mucho mas que en otros países que he visitado anteriormente.

Siempre me gusta darle un toque cultural a todo lo que escribo, un toque literario, me parece que hace el texto mas ameno. Así que mencionaré al gran Charles Bukowski (uno de los escritores que leo en exceso y estudio a fondo), un oso, un bebedor nato. Nadie podría aguantar como este hombre aguantó. Budapest me recuerda a él. Los bares sucios, los ambientes de suburbio, la estética gris, los alcohólicos empedernidos que vagan por las calles en busca de la próxima gota de elixir etílico revitalizante. Esta ciudad destila bohemia, nunca mejor dicho.

Otra de las razones obvias que causan el alcoholismo y específicamente aquí, en Hungría, son los problemas sociales. En Finlandia o en Noruega, como ya he dicho antes, consumen cantidades mastodónticas de alcohol. El clima es horrible y la tasa de suicidio muy alta, pero también son conocidos como unos de los países con el mejor nivel de vida del mundo, lo cual parece irónico. Pero en Hungría, los sueldos del trabajador corriente y especialmente los relacionados con los trabajos físicos, como por ejemplo un peón de la construcción, no bastan para mantener una familia. Los problemas que de ahí se derivan son asfixiantes. Y esto lleva al alcoholismo en muchos casos. Se puede observar que los trabajadores “duros” beben mucho más que los “hombres de negocios”, incluyendo a los administrativos y demás trabajadores de cuello blanco.

El alcoholismo en Hungría es un tema difícil, pero a la vez lógico y comprensible. Y si cayeron los grandes bajo su dictadura, como Hemingway, Céline, Poe o Bukowski, ¿qué nos espera a los de a pie?

A los 50 años, Charles tuvo que ir al hospital por serios problemas de hígado a causa del alcohol y el médico le dijo que si volvía a beber, lo más probable era que muriese. Charles, al salir del hospital, lo primero que hizo fue entrar en el bar mas próximo y pedir una cerveza.

Ahora, la última copa antes de que cierren.

Nos vemos en los bares.

Un paso al más allá

por Kléber Mantilla

Al pasar cualquier tarde por el Puente Libertad de Budapest, después de una jornada de trabajo, no es raro que el tráfico esté detenido porque alguien esté encima gritando que se quiere matar. Luego llegan los bomberos y la policía para rescatar al suicida que suele arrepentirse cuando constata una gruesa muchedumbre de curiosos y fotógrafos a sus pies, que apuestan al "si se lanza o no".

¿Un problema de salud pública? ¿Un oleaje de depresión por temporada? ¿Una nostálgica tradición magiar de actuar bajo la depresión? Tal vez, de todas maneras, históricamente, el país que más suicidios registra en el mundo es Hungría, donde está la región de Kiskunhalas, la más vulnerable del mundo para que sus habitantes atenten contra su propia vida.

Las razones son difusas: el extenso período de frío en invierno, el cambio de sistema económico, el alcoholismo de las zonas rurales, la falta de servicios de apoyo psicológico, entre otras. Sin embargo, el concepto del suicidio magiar es profundo. Tan antiguo y debatible como cualquiera de sus encrucijadas y leyendas urbanas. Muchos aún se preguntan si una tonada triste y un puñado de palabras pueden ser la causa de un suicidio masivo. ¿Cómo es posible que después de escuchar la misma canción se hayan suicidado más de cien personas y otras tantas intentaran hacerlo?

Se cuenta que el húngaro Rezső Seress, después de una decepción amorosa, en 1933, escribió una canción que tituló “Szomorú Vasárnap” -Domingo Sombrío-. La chica responsable de su pena, al escuchar la tonada volvió a sus brazos y una semana antes de su boda, planificada para un domingo, se suicidó con un papel en su mano, donde se leían esas dos palabras. Después la canción fue traducida al inglés –Gloomy Day- y habría provocado una hilera de muertos melancólicos que no resistieron la “crueldad de vivir”. Finalmente, se dice que las autoridades prohibieron la canción porque fomentaba al suicidio.

Pero al dejar a un lado el mito, sorprende constatar que la realidad de esta zona de Europa no es diferente, pues el número de muertes por suicidio en la actualidad supera al de muertos en accidentes de tránsito y es la primera causa de muerte violenta, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta entidad asegura que en el mundo existen un millón de suicidas por año y para el 2020 el promedio será de 1,5 millones. Los suicidios superan la cifra de muertes por homicidios y por guerras. Y, las tasas más altas están en Europa del este, mientras las más bajas están en América Latina, los países musulmanes y unos cuantos países asiáticos.

Más allá de un debate sociológico o médico, también existe una implícita tarea intelectual y epistemológica para ampliar las razones del suicida magiar. La dicotomía entre la vida y la muerte, la forma de morir, la muerte súbita, sin dolor y el paso del sueño a un estado de inercia. El suicidio está enlazado con la humanidad y sus costumbres. Por decir, los mayas, alababan a Ixtab, la diosa del suicidio, y los japoneses practicaban el “harakiri” como un honor de guerra. En cambio, los húngaros solo lo desarrollaron, después de perder dos guerras mundiales y la mitad de su territorio cercenado. Al mismo tiempo que se cultivó un modelo Estatal que muchos lo denominaron „jaula de hierro” se desató la amargura social. Luego se incrementó con la incertidumbre del cambio de modelo socioeconómico de la década del 90.

¿Una enfermedad del industrialismo? Sin duda, pero también un mal por resolver para sociólogos, sicólogos, psiquiatras, antropólogos y demógrafos. En el libro “El suicidio” del francés, Emile Durkheim se afirma que se trata simplemente de un hecho social. Nunca se trata de algo individual o psicológico disperso. El teórico explica que “esta enfermedad” mental o acto de eliminación vital es una consecuencia de procesos sociales crueles, como guerras o depresiones económicas. Asegura que “la tasa de suicidios es diferente de unos países y de unas comunidades a otras. Por ejemplo, en las sociedades católicas había menos suicidios que en las sociedades protestantes (...) la tasa de suicidios depende más del tipo de sociedad en la que se producen que de las circunstancias psicológicas de los individuos”. Asimismo, otro teórico Max Weber plantea que ocurre en sociedades con perdidas “existenciales” y con desencanto por el mundo y con depresión.

De su lado, el austríaco Thomas Berhard sostiene que los Alpes son la “región con más suicidios del mundo”. En una novela titulada Frost –Helada-, describe el clima de la región y dice que todos acaban sintiéndolo. “No sólo el frío físico, sino una sensación interior que nunca abandona, hasta que te lleva a la pérdida de la razón. Y de ahí, inevitablemente, al suicidio”.

La OMS confirma que por cada suicidio se producen entre 10 y 20 intentos fallidos, que causan lesiones, hospitalizaciones y traumas emocionales y mentales. Y se produce no solo por el clima sino que se suman factores como “el desempleo, la pérdida de seres queridos, una discusión, la ruptura de relaciones y problemas jurídicos o laborales, antecedentes familiares de suicidio, abuso del alcohol y estupefacientes, maltratos en la infancia, aislamiento social y determinados trastornos mentales, como la depresión y la esquizofrenia”.

Al parecer es más difícil conducir la propia vida que un auto. En la Unión Europea se registraron en un año 58 mil suicidios contra 50.700 muertos por accidentes de tránsito. El experto Markos Kyprianou, confirma que “las enfermedades mentales son el asesino invisible de Europa”. Un asesino que habita en el alma pero que se reproduce pronto en el aislamiento social. De hecho, un frustrado suicida lo volverá a intentar en el Puente Libertad o en cualquier otro sitio. Como un salto al vacío. Como un paso al más allá.

Fuentes:

Asinorum

Vencer a la vida

por Timea Radó

Se va acercando la Navidad, el tiempo de estar con nuestra familia y nuestros seres queridos, es decir, la fiesta del amor. Pero, según las estadísticas, es el período cuando suceden un gran porcentaje del total de suicidios de nuestro país. Probablemente tanta Navidad por todas partes hagan recordar a algunos que no tienen familia o no tienen amor, y por eso, eligen la muerte en vez de la vida.

Lamentablemente el suicidio es un gran problema. La causa más frecuente es la depresión y sobre todo afecta a los hombres. Se suicidan cuatro veces más que las mujeres. Estar solo, sufrir demasiado estrés, fracasar en la carrera o en la vida privada, pueden causar esta enfermedad, porque sin lugar a dudas, la depresión es una enfermedad. Una enfermedad que se puede curar, si se trata, pero mucha gente no se da cuenta de su problema hasta que es demasiado tarde, hasta que la sucesión de desgracias los llevan a intentos de suicidio o al suicidio mismo.

Por suerte, y según unas nuevas estadísticas, en Hungría, el número de suicidios va decreciendo en los últimos años. Desde el año 1985 ha bajado un 30%. Pero, aunque la tendencia es satisfactoria, todavía estamos entre los países con uno de los índices más altos. En 2001, en Hungría, de cada 100 000 habitantes 29 se suicidó. Deberíamos acercarnos a la media de salud internacional que rondaría los 10, aunque nos alejamos, paulatinamente, de aquellos 40 de los países líderes del sector del suicidio.

Es muy difícil imaginar, para la mayoría de nosotros, las causas que pueden conducir a uno a matarse. Naturalmente, todo el mundo tiene problemas, muchas veces bastante graves, pero la fe en la vida y la fe en nosotros mismos y la familia o amigos nos ayudan vencerlos. Quien elige la muerte, ha perdido la confianza en sí mismo y en los demás. Probablemente la pérdida creciente de objetivos los transforma en seres solitarios y obsesivos, a veces difíciles de percibir. Hay gente que parece tenerlo todo: un montón de amigos, dinero y acceso a todas las riquezas materiales, pero al final se suicidan y sale a la luz lo vacío de sus vidas.

Los sociólogos tienen una lista de los síntomas que nos permitirían detectar una persona propensa al suicidio. Hablan mucho de la muerte. Constantemente se declaran aburridas y buscan relacionarse, con ansiedad. A esto le llaman „el último grito”. Muchas veces a su alrededor no se dan cuenta de que él o ella ya lo está planificando, y por eso, nadie puede, ni se le ocurre, impedir la tragedia.

Existen muchísimos modos para matarse, no hace falta entrar en detalles. Pero por mencionar los modos "preferidos": se ahorcan, se llenan de pastillas o, en la capital, saltan delante del metro. Hay quienes lo hacen en casa o en público, de acuerdo al tipo de trauma que han ido acumulando. Los de los puentes, en general son otro tipo de enfermos, que quieren llamar la atención y se dejan estar hasta que llegen los bomberos a quitarlos. El objetivo no es matarse ni mucho menos. Gritan desde lo profundo: ¡Ayudadme!

Y en la gran felicidad de la Navidad, tenemos que pensar un poco en estos pobres, en los que no tienen nada por qué vivir. Y aunque no los podamos ayudar, seguramente nos ayuden a pensar un poco en nuestra vida y a valorar más lo que tenemos. Y tal vez, eso es la Navidad: revalorar nuestra vida. Con amor, todo va mejor.

Fuentes:

Depresszio.hu

sábado, diciembre 09, 2006

Muerto el rey, el deporte a caballo de las mujeres

¡Por fin se ha muerto Puskás! ¡Llevábamos ese lastre desde hace más de 50 años! Que si fuimos los mejores, que si el 6-3 contra Inglaterra, que qué épocas aquellas, y qué pitos y flautas. Pero como a todos, a Francisco le llegó su San Martín y la palmó. Con él, esperemos se haya ido una leyenda y una carga ya insoportable para Hungría. Por fin podremos poner más atención en otros deportes y dejar, para otros con más cancha, el dichoso fútbol, el infierno de la pelotita enloquecida. Ha llegado el momento de prestar atención a aquellas cosas que sabemos hacer, aquellos deportes en los que, sin lugar a dudas, somos los que llevamos la sartén por el mango. El agua se nos da de maravilla, por ejemplo.

Pero con Panchito no solo se fue el futbolista, el macho dejó el escenario y ahora le toca el turno a otras estrellas, al batallón de mujeres que está entrenándose y listo, a la espera de una señal, para darle la vuelta a la tortilla. La sociedad cambia de la mano de las mujeres, y no solo aquí sino en todo el mundo; de las mujeres y de los “hombres sensibles”, cosa de no quedar fuera y por usar alguno de los tópicos con el que se suele caracterizar al sexo progresista.

Y es desde esta sensibilidad desde donde se podría esperar una nueva concepción del deporte, menos elitista, más popular y equidistante de nuestras miserias y minusvalías. Un deporte en el que entremos todos, donde todos jodamos por igual, como decían los de Molotov. Quizás es mucho pedir, pero yo por ahí tiro el boliche.

Y al mismo tiempo que los deportes “10” se pasan de mano en mano también podríamos volver un poco al caballo, a potrear el valle. Pararnos en alguna pulpería y recordar con nostalgia las épocas del fútbol y jugarnos una quinielita o un PRODE de algún país exótico y seguir marcha campo a través hasta la próxima posta.

Espero que disfrutéis con esta colección de artículos de “Muerto el rey, el deporte a caballo de las mujeres” y que os animéis, quienes viváis o hayáis vivido en Hungría a escribir en las próximas ediciones. Solo tenéis que enviarnos un e-mail y os contestaremos a la brevedad indicándoos formato y tema.

¡¡Adiós Panchito!!

por Kléber Mantilla


La primera vez que supe de Ferenc Puskas fue cuando miré una película de cine blanco y negro de la década de los 50. Mis anfitriones me dijeron que cuando se presentó por primera vez a una cancha de fútbol, los comentaristas se referían como un zurdo bajito y gordito. Pero también me anticiparon que era el mejor en lo que hacía: jugar al fútbol. Esas eran las imágenes del cuarto mejor futbolista del siglo XX.

Con la camiseta húngara marcó 83 goles en 84 partidos, entre 1945 y 1956, aunque pudieron ser muchos más, pues dejó de jugar por su país cuando emigró primero a Austria y luego a España, después del levantamiento húngaro contra de la ocupación de la URSS del 56. En los juegos olímpicos de 1952 alcanzó una medalla de oro para su país. “Cuando dejé Hungría y me sancionaron sin jugar, me juré que nunca volvería. Sin embargo, 25 años después, volví. El aeropuerto estaba atestado de gente gritando como si fuera una estrella del pop. En cuanto pude, visité el cementerio: no había visto la tumba de mi madre antes", le dijo Puskas al diario El País cuando le consultaron sobre las razones de aceptar la nacionalidad española.

En el mundial de Suiza de 1954, Hungría perdió la final contra Alemania Occidental (2-3). Según la opinión internacional porque Puskas estuvo lesionado. Luego de una suspensión de 18 meses jugó junto a Alfredo di Stefano, en el Real Madrid, donde logró hacer 35 goles en 39 partidos europeos. La copa europea ganó tres veces, siendo famosa la final de 1960, entre el Real y Eintracht Frankfort, anotando cuatro goles. En total fueron 512 goles, en 528 partidos. En España se nacionalizó y defendió esa selección en cuatro ocasiones, hasta la Copa del Mundo de Chile en 1962. Se retiró del fútbol en 1967. Pero también fue técnico del Colo Colo de Chile y en 1971, con el equipo griego Panathanaikos, llegó a la final de la copa europea.

Mientras la película narraba la historia del primer mundial televisado, pues nueve partidos se habrían retransmitido para todo Europa, se mencionaba en la selección húngara a Nandor Higdekuti, Czibor, Ferenc Puskas y Sandor Kocsis, el máximo goleador del torneo, como miembros del equipo dorado, que antes habían eliminado a Brasil con un 4-2. Ese partido fue bautizado como “la batalla de Berna” y en la semifinal cuando Hungría ganó a Uruguay 4 a 2. Estuvo muy cerca. Sin embargo, Puskas, el “Cañoncito” fue elegido el mejor jugador del Mundial de Suiza. Y su compañero, Sandor Kocsis, fue el máximo goleador del torneo con once goles.

El diario „Népszabadság” calcula que el costo de los funerales de Puskas bordea los dos millones de euros. En estos días los restos de Puskas se velan en la iglesia de San Esteban. Falleció el 17 de noviembre y será sepultado el 9 de diciembre. Un período digno para la despedida del mayor héroe deportivo magiar. En cambio, el diario „Magyar Hírlap” asegura que a su entierro en la Basílica, entre los asistentes constan: Ramón Calderón, presidente del Real Madrid, Franz Beckenbauer, la directiva y ex jugadores del equipo griego Panathinaikos y el vicepresidente de la UEFA y presidente de la Federación Española, Angel María Villar, entre otros, junto a 300 cantantes y 150 bailarines. La prensa señala que en el sepelio se colocará un cartel gigante en la Basílica y se encenderán 30 mil velas y 500 antorchas.

El director de cine Nimród Antall realizará una película sobre Puskas, mientras en las escuelas se dedicará una clase especial y un día de duelo en homenaje al más grande de todos. Otro productor, Adám Neményi, estrenará un documental el próximo año sobre la vida de „Pancho”, Puskas.

¿Cómo ponen sus cuerpos en movimiento las mujeres húngaras?

por Annamaria Preisz


La población húngara es bastante perezosa. Según algunas mediciones, pasamos solo una mínima parte de nuestro tiempo libre practicando deportes. Por ejemplo, en 2003, una investigación demostró que sólo el 3% de la gente en Hungría se inclina a "dilapidar" su tiempo con actividades físicas. Esto, comparado al 20% de media de los otros 20 países europeos y de los EE.UU., es una vergüenza.

A pesar de estos números, igual tengo la impresión de que un significativo grupo sí ha empezado a hacer gimnasia frecuentemente. Esto se explica por varias razones: la mejora del nivel de vida, un abanico de deportes mucho más amplio y una mejor infraestructura y aparatos, todos de última generación. Lo que buscan es compensar las falencias de la vida moderna, conservar la salud y tener un cuerpo atractivo. Y también, por supuesto, hacer sociales, disfrutar de la compañía de los demás.

Así es que desde principios de los ‘90, las salas de fitness se van multiplicando por todos lados. La palabra "fitness" ya se ha incorporado a nuestro vocabulario e incluso los abuelos la conocen y lo que es más sugerente, ¡la entienden! La media nos recuerda que ser "fit" es indispensable en cualquier edad. Y dos de nuestras mejores estrellas de fitness, Norbi y Alexandra Béres hacen todo lo posible para persuadirnos de lo hermoso de sus musculosas figuras y de la imperiosa necesidad de comprar sus dvd-s, de ir a sus clubes o de alimentarnos con sus milagrosas pócimas, especialmente desarrolladas para moldearnos esbeltas y majestuosas.

Para las mujeres la gimnasia preferida es el aeróbic. Para el otro sexo, el fútbol y body-building. Al mismo tiempo la popularidad de los ramos "tradicionales", como el ciclismo, el footing o la natación, ni mucho menos ha abajado, incluso ha crecido.

La industria del fitness, escalando en espiral y buscando aumentar sus beneficios, dibuja una fantasía llena de formas y colores y se ocupa de estimularnos constantemente con nuevos métodos y formatos para que estemos siempre atentas y entusiasmadas, especialmente las mujeres. Las actividades punteras son el aeróbic, el yoga y el baile, que a veces aparecen en sus formas más puras y otras mezcladas entre sí.

Por ejemplo, aquí viene el surtido que podemos probar en un club de fitness cualquiera (hay que destacar, que en estas clases los varones raramente aparecen):

Gimnasia para estilizar: incluye varios ejercicios semejantes al aeróbic, pero un poco más “tranquilos”. También se la conoce como “Gimnasia para quemar grasas”.

Interwall: se alternan fases de alta y baja intensidad, lo que se conoce como entrenamiento cardiovascular. El objetivo, cómo no, es quemar grasas y mejorar la resistencia.

Streching: sirve para mejorar la flexibilidad del cuerpo e intensificar la circulación de la sangre.

Step (versión tradicional): insistentemente se sube y baja de una plataforma plástica, interpretando a la vez absurdas coreografías. Hay numerosas variantes de steps: Kondi Step (de acondicionamiento), Step para quemar grasas y Step 3/4 (con un toque meditativo y usando música "New Age")

Pilates: Es una rutina de ejercicios que propone poner énfasis en lo que Pilates llamó “la mansión del poder”, es decir, en la musculatura del tronco, principalmente abdominales, paraespinales (yo me dedico sobre todo a las dorsales), y glúteos. Se trabaja fuerza, resistencia y flexibilidad muscular y de articulaciones. Se pueden utilizar los aparatos que Pilates especialmente diseñó o sobre la misma colchoneta, la Pilates Matt. De cualquiera de las dos maneras funciona muy bien.

Gimnasia Espinal: se practica para aliviar los dolores en espalda y en cintura. La estrategia principal es fortalecer los músculos.

Kick-box: se trata de un tipo de aeróbic con elementos y movimientos de Kick-box.

Dance Aerobic: es otro tipo de aeróbic, pero haciendo coreografías de danza.

Latin Party: es una gimnasia de intensidad media con coreografías de baile muy sencillas.

Funky: en realidad ésta es una clase de danza propiamente dicha.

Danza del vientre: es otra clase de baile 100% pero en este caso, tradicional.

Gimnasia prenatal: es una gimnasia controlada muy útil para mujeres embarazadas.

Yoga con el bebé: aquí la madre y su bebé se pueden comunicar, en movimiento, de una manera relajada y particular.

La gama es amplia y hay para distintas edades y tipologías. La regularidad es la clave del disfrute. En Hungría parece que vamos al paso de las últimas tendencias "internacionales" y además nos gusta innovar. En algunas salas ya se puede practicar Gyrotonic, que ya es popular en toda Europa y EE.UU. Es un nuevo sistema de acondicionamiento físico que integra principios de danza, yoga, tai-chi, natación y gimnasia olímpica. Consiste en trabajar el cuerpo a base de giros y se caracteriza por sus movimientos elegantes, delicados y llenos de armonía. Se practica en unas máquinas especiales, diseñadas por Juliu Horvath (un bailarín húngaro), y construidas para que el cuerpo humano pueda moverse con entera libertad de movimiento.

También la Power Yoga está aquí. Son los ejercicios tradicionales pero mucho más de prisa e intensamente. A Madonna, Sharon Stone y Gwyneth Paltrow, entre otras famosas, les encanta, y seguro que ya muchas de mis conciudadanas la practican.

Y terminando confío en que gracias a las mujeres, rápidamente, mejoren las estadísticas húngaras, al menos en lo que respecta a actividades deportivas.

Fuentes:

Szabó Ágnes: A szabadidősport fontossága és megjelenési formái társadalmunkban, különös tekintettel az egyetemistákra. Portalfitness

Los deportes húngaros de éxito

por Tímea Radó


Hablando de deportes en Hungría, a mucha gente lo primero que se le ocurre es el fútbol. Es verdad que hace muchos años la selección nacional era mundialmente reconocida, con nuestra estrella Ferenc Puskás. Él murió sólo hace dos semanas, el 17 de noviembre, y con él nuestra nación perdió, tal vez, al hombre y deportista más conocido no sólo en Hungría, sino en todo el mundo. Con su duende la selección húngara ganó contra los ingleses en 1953 el famoso 6:3.

Pero tenemos que admitir que hoy en día el fútbol ya no tiene la gloria que tenía hace 40 años. La verdad es que se sacrifica un montón de dinero en desarrollar este deporte, pero los resultados no se ven ni en la Liga ni en los partidos de la selección. En los últimos años no hemos podido clasificarnos para ningún campeonato internacional.

Naturalmente, hay otros deportes en nuestro país que, aunque no reciben tanto dinero, son tradicionalmente un éxito. Me refiero al waterpolo, al balonmano y al piragüismo. En estos deportes obtenemos resultados bastante importantes, pero necesitarían aumentar sus presupuestos y ayudas en general para que lleguen a ser realmente populares.

En verano muchísima gente va a Margitsziget para ver partidos de waterpolo. Y no sólo los partidos de la liga húngara son de alto nivel, sino que también nuestra selección gana primeras posiciones en los Juegos Olímpicos y en otros acontecimientos internacionales.

El mejor equipo de balonmano masculino probablemente es el de Veszprém. Con sus jugadores, internacionalmente respetados, han creado un equipo que frecuentemente gana contra los equipos españoles y croatas, dos de los países con las ligas más duras del mundo.

Y el piragüismo es tal vez el deporte en que alcanzamos la fama más grande a nivel mundial. Aunque lamentablemente poca gente conozca bien este deporte, ni siquiera pueden distinguir, por ejemplo, un kayak de una canoa.

Pero ¿cómo se hacen los deportistas más famosos? En la mayoría de los casos el tiempo es lo más importante. Casi todos han empezado a practicar este deporte desde niños o niñas, y han sacrificado mucho de su tiempo libre para practicar y para ser cada vez mejores. Los jugadores de waterpolo pasan horas en la piscina, nadando y jugando, practicando una y otra vez las tiradas. Los kayakistas, ya de niños, tienen que trabajar muchísimo: en verano entrenan pero también compiten; y en invierno es todavía más duro. Además de remar en piscinas especialmente acondicionadas, tienen que correr muchísimo y pasar horas y horas en el gimnasio.

El deporte es bueno para la salud, está comprobado. Los deportistas son más resistentes a las enfermedades. Pero no se habla mucho de las desventajas de tanto esfuerzo. Las articulaciones y los músculos son más susceptibles de lesionarse. Pero por suerte hoy en día los médicos las pueden curar pronto, y los deportistas regresan casi instantánemente al terreno de juego.

Hungría no solo ha producido al futbolista más conocido del mundo, Ferenc Puskás, y a otros deportistas destacados, sino también ha dado cabida a los acontecimientos internacionales más ilustres y de más alto nivel. La piscina Alfréd Hajós en Margitsziget de Budapest ya ha sido anfitriona de varias competiciones internacionales de natación y waterpolo. También está la pista de remo cerca de Szeged, llamada ’Maty-ér’, ubicada en un lago artificial, y que ya ha protagonizado por dos veces el Campeonato Mundial de Kayak y canoa, en 1998 y 2006.

Todavía el deporte no es en Hungría lo que en otros países, pero con tiempo y apoyo financiero los deportes estrella, que he comentado, podrán llegar a ser populares y mejorar, si cabe, nuestro score en la clasificación mundial.

Tippmix al natural

por Sebastián Santos


Montados en viejos caballitos de tiovivo le damos vuelta a Europa y sin calentarnos demasiado, al mundo entero. Hay cuatro deportes exóticos en los que destacamos y el fútbol nos gusta, como a todos, pero somos horribles con el esférico.

Lo que es bonito y aparentemente desapercibido son los juegos de azar. Hay por todas partes y de todas las formas. Pero nadie habla de ludopatía ni se montan escándalos porque instalen o desinstalen un casino. No es el estilo tragaperras español, sino más bien la onda reducto del juego de las películas yanquis.

El deporte no se queda atrás y si bien aquí no se gastan las millonadas de la península en equipos, sí hay amontada una buena infraestructura para reventarte la calderilla y si te descuidas, la cuenta del gas.

Estas semanas me permití incursionar en las casas de lotería. El modelo es equivalente, totalmente transferible, a cualquier otro rincón de los que conozco. Pagas el derecho a poner una cruz, a elegir, en una especie de desenfrenado y melancólico ataque democrático. El deporte parecería ser totalmente intercambiable con cualquier otra actividad crucera. Eliges 6, 11, 32 números y pagas, cabrón y a veces cobras, a veces no.

Hay un misterio en el juego, la esperanza de ser el elegido, el de la teletransportación selectiva. Te vas a salvar, vas a dejar el puto trabajo, la enmarañada red de relaciones personales que te asfixia y te ves en esos míticos rincones calientes del Pacífico, en una nube de placer, intocable y eterno.

El subidón dura poco, y dura menos si juegas poco, como yo, que soy una rata de cloaca. Pero así y todo se me revolvió el gusanito las veces que jugué. Elegí el Tippmix y elegí tirar la pelota a la olla, al montón, a la muchedumbre, en lugar de hacerlo desde casa, porque también se puede jugar directamente por internet y por supuesto, ver los resultados en el teletexto.

Lo primero realmente bonito es la complicidad del jugador, sobre todo de ese que se las sabes todas y va loco por batírtela. Cuando me arrimé al Lottozó de Keleti no entendía nada. Me acerqué tímido y dije en un húngaro, digamos bárbaro: “foci”. Yo quería el Tippmix, pero no sabía el nombre. El juego es fantástico y refleja a la perfección la ubicación periférica de Hungría. Puedes apostar a partidos de los rincones más alejados del mundo y a un sinfín de deportes, hockey sobre hielo, fútbol, volley, baloncesto, béisbol, lo que se te ocurra.

El secreto para poder surfearla es conseguir el periódico donde están apuntados los códigos de los partidos, quién es local y quien visitante y las previsiones de los resultados. Después es estrellan las cruces al tun-tun o como hago yo, confiando en la dicha de una biografía movida. Le jugué a Los Ángeles por mi hermana, rompí una lanza por la bañera donde tomábamos sol en pelotas en el terrado de La Boca, y tiré la primera piedra por el Celta de Vigo, recordando los paseos por los bosques de eucaliptos de la hermosa Galicia de mi viejo.

Simplificando y sin entrar en valorar los pronósticos deportivos del Nemzeti Sport, lo que básicamente hay que hacer para jugar una boleta es rellenar las primeras tres columnas con los códigos de los partidos (un número en cada bloque). Por ejemplo, en la vuelta de hoy, para “Sacramento-Orlando” en básquet, habría que poner 0-7-1 y después H, D, V, de acuerdo a si quieres local, empate o visitante. Tienen una versión fantástica y es que puedes jugar incluso por partidos que no llegarían a terminarse antes del cierre de la edición. Lo solucionan jugándole al resultado al final del primer tiempo. ¡Eso es ganas de estar en todas partes, carajo!

Se pueden anotar tantos partidos como quieras pero hay un mínimo de acuerdo al tipo de partido, que ellos tienen clasificados en orden numérico. No sé si es siempre igual, pero en el de hoy, por ejemplo, del 001 al 022 puedes poner uno solo; pero del 023 al 147 tienes que elegir un mínimo de 3; y del 148 al 200, 5 por lo menos, supongo que estos son los más fáciles para los entendidos.

Cuando terminas con la calentura de apuntar pasas a los cuadros de abajo. En uno mandas la cantidad de partidos que has puesto y a la derecha el dinero que quieres apostar. Te lo dejan clarito, si no aciertas a todos no ganas una mierda y por eso te dejan al pie la opción de la combinada, que asegura alguna, pero también se paga (no son bobos). La primera que puedes hacer es de 3 combinaciones y pagas 4 veces más la apuesta. Yo no entiendo de matemáticas, pero supongo que más o menos cuesta lo mismo que repetir una a una todas las boletas.

Pasaron los días y me quedé con las ganas de probar la Totó, la Góltotó, el Kenó, la Lottó, la Hatos lottó, la Skandináv lottó y la Luxor, con la que ahora me choco cada día en las páginas del Metro.

En definitiva para jugar al Tippmix al natural, primero hay que dejarse caer en cualquier parte, pero hay que hacerlo con todo el cuerpo, soltando el aire por la boca y sintiendo como los músculos van bajando, la panza se estira y se desplaza hacia delante y los brazos se descomponen pajaritos a los costados. Te puedes sentar en alguna escalera, en el banco de una plaza o recostarte contra una pared o contra la parada de algún bus, metro o troley. Después hay que mirar, sistemáticamente. No de arriba hacia abajo, sino más bien de derecha a izquierda y viceversa. Buscamos algo amarillo y verde, algo que sobresale de la estética de postguerra de la ciudad. Son unos carteles siempre impecables y siempre nuevos. Sino se ven a la primera, hay que probar otra vez y sino caminar, desinteresadamente, sin prisas, pero tampoco sin parar. A medida que avanzas, sutilmente ve revisándote los bolsillos del abrigo buscando un boli. Siempre hay alguno olvidado. Sino la jodiste, vas a poder jugar pero todo el mundo sabrá que eres un satélite, un visitante ocasional. El bolígrafo es fundamental, es la lanza de Don Quijote, la espada de Lancelot del Lago o el martillo de Tor. Cuando diste con el boli, lo aprietas fuerte en el bolsillo donde esté e incluso, para hacer el paseo musical, si eres como yo que todavía no tiene reproductor de MP3, le puedes rítmicamente poner y sacar el capuchón. Le da su onda a la búsqueda.

Al entrar en la agencia. Seguro que a esta altura ya la has encontrado. Vas directo, como si entrases en el bar de tu adolescencia y le pides a Manolito el periódico del Tippmix, o quizás simplemente (yo no lo he probado canchenge, todo hay que decirlo) le dices tipo “Tipp” y le haces una cabeceada y seguro que el punto entiende y te da el periódico.

Ahí siempre hay lugar, siempre hay un mostrador libre donde escribir. Incluso hay algunos que hasta tienen mesas para sentarse y la tele que te muestra los últimos resultados. No, ¡si es la hostia!

No hay que pensarla. Recuerda que se trata de ser uno más. Es como si fueses a mear y te la quedases mirando en medio del pasillo frente a los migitorios. Eso no se hace. Si quieres hacer el análisis dermatológico o futbolístico, en casa, con la parienta, si está afín.

En resumen. Rápido. Pim-pam. Entras, como un cow-boy, pides el periódico, te arrimas a un mostrador, sacas el boli, ya sudado y marcas con naturalidad las cruces. Son las fijas, ¡no puedes perder! Y vuelves al cajero.

Recuerda que no puedes apostar una miseria. Hay un qué dirán, un prestigio popular, un inconsciente colectivo que te vigila. Para miserias te vas a casa derechito después del trabajo y miras “Eastwood” en la TV2 chupeteando el osito de miel. No hay que pasar papelones ni romper un imaginario. El mínimo para jugar es 100, pero porfi, haz por lo menos un 500, ¿ok?

Sales tan rápido como has entrado. No hablas con nadie y tampoco te paras en la puerta como si no supieses adonde vas, como si estuvieses solo como un perro abandonado en pleno agosto. Antes eliges, derecha o izquierda y después ya encontrarás algún metro o autobús que te vaya acercando a casa y durante los próximos dos días tienes para entretenerte mirando los resultados en la tele, en internet y en donde narices te de la gana.

¡Suerte!

Todo deporte, todo igualdad

por Ágnes Lammel


Érase una vez un equipo en Dombori… Así empieza, o quizás así termina, un sueño que se ha vuelto realidad…

En mayo de 2006 la Fundación Planet ganó un concurso de la Unión Europea para realizar unas jornadas llamadas “Deporte e Igualdad”. Participamos en ellas 33 jóvenes de 4 países (España, Austria, Bulgaria y Hungría). Durante una semana se sucedieron sin descanso múltiples presentaciones, talleres, excursiones, juegos, entrenamientos y fiestas nocturnas.

Para daros una idea, cojo un día al azar y os lo describo. A las 8 de la mañana, deporte, carrera y remo. A las 9, el desayuno. Después varios talleres hasta la hora del almuerzo. Entre las 2 y media y las 5, algún deporte importante de uno de los países participantes. De ahí hasta las 7, alguna performance de países más lejanos, como por ejemplo capoeira o baile hindú. Después, cena y a partir de las 10 entrenamiento para la final, seguido de fiesta hasta el amanecer.

La meta de las jornadas era reflexionar, en el marco de la globalización de la educación, sobre los problemas pendientes y quizás insolubles de nuestro planeta. Pasamos una semana bajo el signo del Comercio Justo. Su esencia es la transparencia de las relaciones comerciales, llamando la atención sobre el trabajo infantil y la explotación en los países pobres. Se intenta crear un vínculo directo entre los productores en origen y los compradores, expulsando de la red comercial a los intermediarios que solo miran por sus beneficios.

En función de los temas de las jornadas (comercio justo, deporte, globalización e industrialización) tuvimos que, primero investigar sobre ellos y luego confeccionar carteles y proponer soluciones. En uno de los talleres, por ejemplo, probamos y examinamos la situación de los minusválidos. En grupos de cuatro (uno hacía de ciego, otro de sordomudo, otro de inválido y el cuarto de persona sin minusvalías) tuvimos que preparar los distintos elementos para una maqueta de pista. “Yo fui inválida, y gracias a este ’juego’ aumentó mi respeto hacía los inválidos, porque, aunque solo un poco, pude sentir sus mismas dificultades” –dice Vanesa.

En un otro taller representamos una situación real del sur de Bulgaria, dónde en una nueva fábrica de zapatos los obreros trabajan entre 16 y 18 horas por un salario de hambre. En tanto dueños, organizadores, trabajadores y representantes de derechos humanos tuvimos que discutir la situación. “Para mí, como dueña, era horroroso insistir en que ellos necesitaban este trabajo, aún en estas condiciones.”- dice Raphaela.

Junto al deporte, juegos y trabajo, nos quedó tiempo para salir de excursión y visitar algunas ciudades, como Pécs o Szekszárd, donde entre otras cosas, fuimos a ver un partido de baloncesto de la NB1

Los tambores españoles y su espíritu de fiesta incesante, la bebida nacional de Bulgaria, la compañía emocionante de los austriacos y nuestro apoyo inspirador, dieron una mezcla que produjo un ambiente perfecto, íntimo.

Durante los entrenamientos, el deporte era comunicación. Y al final, en “La Copa”, contra los jóvenes de Tolna, jugábamos como un verdadero equipo. Los 33 jóvenes llegamos a ser uno cuando terminaron las jornadas.

Y para terminar dejadme citar a algunos de los participantes: “Nosotros nos hemos vuelto una gran familia”(Gergő). “Tras el trabajo y el deporte todos fuimos como átomos en una molécula” (Juanlu).

Fue como un sueño. Y todavía lo siento. Y puedo decir, con todo mi corazón, que fue una de las semanas más bonitas de toda mi vida. Y los ojos se me llenan de lágrimas cuando la recuerdo.

Los jornadas tuvieron lugar entre el 4 y el 12 de noviembre, en Dombori, al sur de Hungría.
Participamos 33 jóvenes de 4 países diferentes: 8 españoles, de la Organización “Casa de la juventud” e “Imagina”; 10 búlgaros del Barbastro Work Team y del “PTPI AUBG Chapter”; 6 austríacos del “Akzente Salzburg”; y 7 húngaros de la “Fundación PLANET”. Además contamos con la colaboración de un fotógrafo portugués y la asistencia de una búlgara de “EVS”.