domingo, abril 29, 2007

¿Sin fines de lucro?

por Kléber Mantilla

Llegó el día cuando las instituciones y la gente ya no miden más el límite entre las ofertas consumistas de imágenes y la realidad. Mientras miles de organizaciones no gubernamentales y asociaciones sin fines de lucro presionan en múltiples foros a más de 120 Estados para que alguien pise el freno de la emisión de gases tóxicos y por un momento no se rehúyan los problemas planetarios sobre ecología, el calentamiento global y los derechos humanos, la Organización de la Naciones Unidas (ONU) asume su función humanitaria con el uso descarado de los rostros famosos de Hollywood.

Hace pocos días, la actriz Angelina Jolie, embajadora de la ONU, dijo que no es la “Madre Teresa de Hollywood”, pero que nunca ha negado su participación activa en obras de caridad y aportes a ongs. En un noticiero cuestionó a sus colegas por reproducir el estereotipo del ciudadano antisolidario que permanece sentado frente al televisor sin hacer nada, sin interés por los muertos de Irak, ni por la desaparición paulatina del polo norte. “¿Cómo hay estrellas de cine que no intentan ayudar a restar la expansión de la pobreza mundial?”, se preguntaba.

Esta actriz es una de las más activas contribuyentes de organizaciones no gubernamentales del mundo. Otro ejemplo más cercano en Hungría es Yoko Ono, la viuda del inmortal John Lennon, ahora casada con un húngaro, que donó los derechos de autor de la canción “Imaginación (Imagine)” para que administre Amnistía Internacional, una ONG especializada en Derechos Humanos.

Según los expertos, la ideología de las organizaciones no gubernamentales (ongs) es volátil pero se basa en la solidaridad y muchas veces en la función altruista de sus actuaciones. Sin embargo, la controversia natural de su creación nace de su sistema de financiación, pues supone ingresos que no provienen del beneficiario de sus servicios y se esconde bajo la manta de una filosofía sustentada en la terminología “sin fines de lucro”.

Incluso los mismos Estados maduran fórmulas de financiamiento para las ongs, pues es clave encaminar procesos paralelos que, al mismo tiempo que separen funciones y liberen ciertas competencias. Por ejemplo, buscan alejar la dinámica del armamentismo frente a los temas que involucran derechos humanos, o la cobertura de los servicios de salud pública frente al mercadeo de la creciente industria farmacéutica.

En países como Hungría se aplican legislaciones funcionales para encaminar el abastecimiento de recursos para las organizaciones sociales con objetivos solidarios, sin fines de lucro y con objetivos ajenos al rol del Estado. Por decir, el Estado húngaro aplica la “Ley del uno por ciento”, que consiste en permitir a los 4,6 millones de contribuyentes del sistema tributario, aportar a las ongs. Así los ciudadanos pueden pedir a las autoridades fiscales la transferencia del 1% del impuesto del ejercicio anterior para ayudar a la entidad de su interés, sea en temas de ecología, salud, vivienda, salud, microempresa o cualquier otro. Se calcula que se van 6, 9 mil millones de forintos anuales (33 millones de euros) para las ongs.

No obstante, el concepto de ONG es diferente en cada país, una ONG norteamericana es diferente de una francesa o una cubana. El término es utilizado como sinónimo de entidad no lucrativa, pero en realidad oculta otros grupos organizados como colegios profesionales, fundaciones culturales, deportivas y artísticas, entre otras. Pero además, se utiliza para referirse a cualquier organización que realiza actividades sociales, similares a las actividades de sindicatos, asociaciones de consumidores, colegios y hospitales.

Pese a todo, las ongs logran sensibilizar a la opinión pública acerca de los problemas mundiales en cuanto a pobreza, ecología y derechos humanos. La mayoría de los gobiernos europeos apoyan y colaboran con estas organizaciones, desarrollando canales de diálogo conjunto y esquemas de cofinanciación.

En general, el contexto sociopolítico y los cambios internacionales de las últimas décadas, causaron la propagación rápida de las ongs. Los movimientos civiles empezaron a cuestionar ciertas estructuras del Estado y de la sociedad industrial. Ejemplos sobran: el mayo francés, las manifestaciones contra la guerra de Vietnam, la primavera de Praga. Luego, las ongs ejercieron una función crítica en torno a los compromisos y obligaciones de los gobiernos poderosos frente a los países del Tercer Mundo, o subdesarrollados.

En resumen, la incontrolable globalización, concentró con brevedad el control político, la posesión y la explotación por parte de las clases dominantes de una nación o estado sobre otra nación, sus recursos, mercados y gente. Ahora, las empresas multinacionales y las instituciones financieras de Europa y Estados Unidos controlan la mayoría de las principales organizaciones económicas que producen, invierten, comercian y circulan capital.

Según el analista James Petras, “los gobernantes plantean amenazas nucleares, utilizan armamento de alta tecnología y destruyen a sus enemigos. Sus negociadores comerciales eliminan restricciones de los competidores y justifican las barreras comerciales para sus propias empresas”. La principal función del Estado moderno es dominar para que las multinacionales puedan florecer. El Estado es más poderoso e invasor con el crecimiento de los capitalistas “internacionales”.

El teórico sostiene que en el período colonial, la ocupación euronorteamericana y el saqueo de los continentes estaban justificados en nombre de la “civilización occidental”. Pero ahora, las guerras de agresión y la ocupación militar están justificadas en nombre de las “misiones humanitarias”. En el pasado, el mito imperialista era “El Descubrimiento de Nuevas Tierras”; pero en la actualidad es el mito de la “Invasión por Invitación” (extendida por los clientes locales). En muchos casos, las ongs hacen actividad de enlace.

Así, en el pasado, las órdenes religiosas y las autoridades coloniales participaban en el adoctrinamiento ideológico de los pueblos sometidos. Pero en la actualidad, los medios masivos de comunicación, el sistema universitario y las organizaciones no gubernamentales subvencionadas por el poder estatal junto con la propaganda del Vaticano proporcionan el mensaje ideológico que describe la subordinación como “modernización”, la recolonización como “globalización” y la especulación financiera como la Era Informática, afirma el analista.

Un estudio conocido como “The Myth of the Global Corporation” indica que más del 80% de las decisiones claves en inversiones y tecnología se toman en las casas centrales del “país de origen”. Mientras que las multinacionales producen y distribuyen en todo el mundo, sus casas centrales siguen administradas y dirigidas por Europa, Estados Unidos y Japón. Los circuitos económicos internacionales están bajo el control imperialista, dice.

De su lado, el Financial Times, asegura que entre las 500 compañías más grandes (basadas en su capitalización de mercado), 244 son norteamericanas, 173 europeas y 46 japonesas. El 83% de las mayores empresas que controlan el comercio y la producción mundiales son norteamericanas y europeas.

Y, en este esquema mundial, la función de las ongs se convierte es de mediadoras y propagadoras del juego de hegemonía del poder versus la sociedad civil. El desplazamiento de los “sin fines de lucro” deviene, cuando de agresivos banqueros y financistas solidarios, pasan a vestir de verdes para evitar que alguien corte el último bosque, contamine la última bocanada de aire y no envenene la última gota de agua.

Fuentes:

Gran Enciclopedia Universal Espasa Calpe

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