viernes, mayo 18, 2007

El placer de encañonar, los pistoleros húngaros

Hay una perversa coincidencia ideológica y clasificatoria entre ciertas corrientes feministas y los machistas naturalistas. En ambos casos las mujeres aparecen ajenas al mundo de la violencia. Ellas son pacíficas (algunas hablan incluso de “la última oportunidad de la humanidad”), o simplemente débiles y faltas de agresividad, más propias de las actividades relativas al cuidado de la casa, los niños y los enfermos.

Sea por una u otra razón, la muerte se ha solidificado como patrimonio del hombre. Hungría no es excepción, y la recogida de disparos solo arroja hombres, salvo Lili, la compañera de Pali, los Bonnie and Clyde de Miskolc que revolvieron el país a fines de los ’90 y que Krisztina Deák inmortalizó en 2004 en una película.

En el laberinto de lo sexual lo masculino se entiende como violencia y posesión. Se ha perfeccionado el modelo de un supuesto cavernícola bruto y exhaltado, que con la garompa erguida se lanza sin compasión sobre otra supuesta flor de alelí, indefensa y sumisa, que como toda resistencia grita desconsolada en una mezcla perversa de placer y dolor. El falo no se interpreta como un elemento sensual, suave, propio de la caricia o del abrazo. La polla, la berga, la garcha, el ciruelo, la picha, la cigala, el pito, la papirola, el nabo o la pija se han hecho imagen en un sinfín de elementos agresivos, por ende sinónimos de fálicos. Todo objeto alargado y rígido es objeto de guiño, y si a ello se agrega alguna capacidad de destrucción se transforma en orgullo de macho.

El mejor ejemplo de todos son las armas, y sobre todo las de fuego. La pistola. Estamos prisioneros de una fantasía enfermiza que busca desesperadamente, en el juego de las relaciones sexuales, matar a la víctima, a la amante. Arrastrarla desnuda hasta un rincón de la habitación a la inevitable prisionera y cagarla a balazos, fusilarla. En otras palabras: amarla.

Lo inquietante es pensar si se te va a parar cuando ella te encare empuñando la bayoneta.

Cronología negra

por Eszter Aranyos

Para ver el uso de armas de fuego en Hungría escogí, en primer lugar, el portal electrónico Origo y las muertes por balas de los últimos doce meses. La lista no es completa, ni mucho menos. Más tarde encontré bastantes muertes del mismo tipo en el portal de la policía o incluso en el de los cazadores.

Los casos recogidos son escasos, pero creo que por ser uno de cada leche, representan bien la diversidad y la tipología de las matanzas por uso de armas de fuego en Hungría: asesinos y víctimas húngaros y extranjeros; bebés y adultos, hombres y mujeres. En la mayoría se trata de muertes por armas legales y en un porcentaje importante muertes ejecutadas por cargo público.

Según los motivos, el esquema es variado: defensa, casualidad, violencia de género, venganza mafiosa y desesperación. ¿Quién podrá decir qué es lo que verdaderamente guía estos macabros movimientos? He aquí pues la crónica negra del año:

4 de mayo de 2007: Durante la acción policial matan al ladrón del banco

El 4 de mayo de 2007, por la tarde, un ex-soldado que trabajaba como guardia de seguridad, intentó robar un banco cerca de la plaza Moszkva. Al aparecer la policía, el delincuente cogió rehenes, pidiendo libre salida y 5 millones de Ft (20.000 €). Ya que el bandido durante las negociaciones se mostró agresivo y usó varias veces su pistola, dando tiros a la pared, la policía decidió intervenir. En el momento de la entrega de dinero el equipo de comando le tiró seis balas que resultaron ser mortales. Dos de los rehenes fueron heridos, uno leve, otro gravemente. La policía encontró balas y armas de fuego en el domicilio del agresor cuarentón. Según su padre quería el dinero para ayudarlo a entrar a un hogar de jubilados, unos 4-5 millones de Ft.

29 de marzo de 2007: Después de una disputa, un hombre mata a una mujer

Cerca de la frontera con Serbia y Croacia, en un bar de Baja, un hombre de doble nacionalidad, croato-húngaro, de 54 años, tras una disputa, le tiró dos veces a una mujer treintaañera de Ucrania en la cabeza. La mujer enseguida murió. El hombre, tras el hecho, intentó suicidarse, disparándose, también, una bala en la cabeza. Aunque con heridas graves, se salvó, gracias a una pronta intervención médica.

27 de marzo de 2007: En un ajuste de cuentas matan a un egipcio

Durante un ajuste de cuentas, en una oficina de la calle Üllői, en Budapest, un egipcio de 46 años mató con un tiro a su compatriota de 40 años. La víctima murió en seguida. El delincuente fue arrestado.

27 de enero de 2007: Un policía mata a su colega por casualidad

En el distrito I de Budapest, un sargento mayor de 27 años, al terminar su servicio, hirió a su colega, otro sargento mayor, de similar edad, también a punto de terminar su servicio. El policía herido, a pesar de la pronta intervención médica murió en el hospital. El tiro, según la policía, fue de casualidad, según la prensa, de broma. El homicida fue degradado y despedido del cuerpo. Todavía está pendiente su comparecencia ante el Tribunal.

17 de diciembre de 2006: Bajo el efecto de las drogas mata a su expareja y a su hijo de cinco meses en Göd

Durante la noche, Ferenc K., de 26 años, tras consumir cocaína y speed entró en la casa de los padres de su exnovia Viktória Sz., de 25 años, y le pegó un tiro a quemarropa a su expareja y a su hijo común de cinco meses con una pistola Parabellum, ilegal. A la madre la encontraron en la escalera interna de la casa, al hijo en la cama donde dormía. La pareja había tenido una relación de ocho años con varias pausas. El hombre –que todavía no se sabe si era el padre biológico del hijo–, había molestado con anterioridad en varias ocasiones a su expareja, que trabajaba en la cafetería de la planta baja de la misma casa.

2 de diciembre de 2006: Un cazador mata por casualidad a su compañero

En Szalaszend, en la provincia Borsod-Abaúj-Zemplén, en la parte noreste de Hungría, durante una caza de jabalís, en una compañía de 25 cazadores, uno de ellos, por casualidad, y desde el puesto de acecho disparó a uno de sus compañeros, de 60 años, que murió en el acto.
20 de junio de 2006: Se suicida un hombre al haber sido rodeado por la policíaSe suicidó con un tiro un hombre en Gödöllő, al haber sido rodeado por la unidad especial de la policía. Desde años estaba en búsqueda y captura.

8 de junio de 2006: Un guardia de seguridad mata al ladrón de un banco

El guardia de seguridad actuó rápido, e inmediatamente después de que los ladrones entrasen al banco a punta de pistola exigiendo el dinero, los eliminó de varios tiros. El hecho ocurrió a las 9 de la mañana en Szigetszentmiklós. Uno de los delincuentes, aunque por momentos logró ser reavivado, murió poco después, in situ. El otro se escapó.

La sucesión de hechos, según parece, es circular: a) muerte de un ladrón al intentar robar un banco, b) suicidio, c) accidente de caza, d) violencia familiar contra expareja e hijo, e) muerte de poli por casualidad, f) ajuste de cuentas de la mafia, g) cólera súbita. Y otra vez, a) muerte de un ladrón al intentar robar un banco. Ahora, siguiendo la regla, toca suicido.

¡Ojalá solo tuviéramos pistolas de agua!

por Annamária Preisz

El derecho o la necesidad de los ciudadanos de poseer armas de fuego es una cuestión muy controvertida. El sector pacifista de la raza humana, digamos las mujeres, no le ve otra utilidad más que la de matar y destruir; el otro bando opina que son indispensables en la sociedad moderna, para defenderse.

En la era comunista, en Hungría, como en el resto de países que aplicaban este tipo de sistema totalitario, tener armas de fuego estaba prohibido. Para tenerlas había que tener muy buenas conexiones o un muy buen cargo en la pirámide burocrática. Pero con esto y todo, en general, solo se conseguían fusiles de caza. El que tenía armas también tenía los correspondientes permisos, claro.

Entonces nadie estaba preocupado por “defenderse” de ningún peligro mortal, ni en la calle, ni en su casa. La amenaza en aquellos tiempos era la del Oeste, la de los países capitalistas; pero ese “problema” lo manejaban en exclusivo las fuerzas armadas.

Naturalmente en esos tiempos, como ahora, existían en Hungría maleantes, ladrones y violadores; también asesinos. Sin embargo, la criminalidad, una vez comenzada la transición democrática, ahí por los años ’80, ha aumentado de forma alarmante, cuadriplicándose, tal como lo demuestran las estadísticas. En el año 1980 se registraron 130 470 crímenes, 20 años después, 505 716. Los ataques violentos contra personas se duplicaron de 9 322 a 18 882.

A partir de 1989-90, los años del cambio, aparecieron nuevas “ramas” del crimen. Ramas que antes no existían y para las que resulta imprescindible una bocanada de fuego. Sin pistolas no se roban bancos.

Hoy en día la tenencia de armas de fuego se ha vuelto legal. El número de armas legales en Hungría asciende, según las estadísticas de finales de 2006, a 228.727 unidades. El discurso mayoritario de los portadores legales culpa de los crímenes a los ilegales y dicen estar hartos de los prejuicios ignorantes de los pacifistas. Aseguran que el número de muertos y heridos por armas legalmente registradas es ínfimo.

Es difícil entender la lógica legalista. Un muerto por un arma de fuego, no dejará de ser un muerto por un arma de fuego porque la pistola sea legal o ilegal. Y tampoco su uso, que no es otro que el de matar, excusa a su propietario de la muerte, aunque logre matizarla legalmente. Ni hablar de los suicidios.

La venta y la posesión de armas están controladas por las autoridades. Pero ¿hay algún sistema que pueda controlar el tráfico ilegal de estos mortales artefactos? Parece que no. El tráfico en nuestro país es un tema serio, y difícil de cuantificar con precisión, pero todos concuerdan en que es, al menos, alarmante; y esto mismo se refleja en el aumento del número de crímenes por munición. ¿Es excusa que se trate de un problema mundial?

En Hungría los asesinatos ocurren, en general, en los círculos criminales, por la misma dinámica del negocio. Pero también, de rebote, personas inocentes pierden la vida. Es triste el número de taxistas baleados el año pasado. ¿Y la familia pastelera ejecutada al completo? ¿Y aquellos dos jovencitos cruelmente asesinados? ¿Y aquel del restaurante de comida rápida? Tenemos una lista larga. Al último, hace menos de una semana, le cayó un disparo cuando estaba esperando el tranvía, por suerte se salvó.

Pese a todo y a la emoción de los recuerdos, Hungría todavía es uno de los estados más seguros de la U.E. El tiroteo es un fenómeno raro. El porcentaje de robos es el más bajo de la Unión, y los homicidios también son muy pocos y disminuyendo, desde 1999. Éstas son buenas noticias.

A fin de cuentas, ¿no habría menos homicidios si no hubieran pistolas, revólveres o fusiles en nuestra planeta? Es difícil adivinar, sin embargo es indiscutible que el disparo es la forma más fácil de matar, mucho más que otros métodos. Uno puede asesinar, independientemente de su constitución física, con alta efectividad y a distancia, incluso de muy lejos. Es la fantasía de matar con la mirada hecha realidad.

¡Qué difícil sería robar un banco o secuestrar a alguien sin armas de fuego! El caso es que el debate sigue fluyendo tan insistentemente como la compra y venta de armas. Hablan y hablan de leyes y decretos, chocan y rebotan los intereses de civiles, políticos y fabricantes de armas, mientras tanto el gatillo no para y mueren a miles.

Fuentes:

Bűnügyi statisztika - EU és Magyarország
A bűnözés-bűnüldözés alakulása
http://www.police.hu/
Fegyverrel vagy fegyver nélkül? Fegyvertartási szabályok Magyarországon

La sangre de la guerrera

por Ricardo Izquierdo Grima

Resulta, cuando menos curioso, y así ocurrió en España, que la movilización social por la supresión del servicio militar coincidió con la reivindicación de la mujer por poder ingresar en las fuerzas armadas. Si esto último se logró, más que menos, por el impulso de la clase política y por resoluciones judiciales favorables a los recursos de las solicitantes; lo otro, la supresión de la “mili”, lo fue por la fuerte movilización de grupos pacifistas que se produjo a partir de 1989, y ante la que el Estado empezó a ceder. Al principio, seguramente, porque el poder político tampoco hacía ascos a un antimilitarismo social que le tranquilizaba ante cualquier posible hermanamiento sociedad / ejército que siempre puede ser germen de golpes o revoluciones.

El servicio militar obligatorio, a principios del s. XX, representaba un logro democrático, sustituyendo a la ignominia clasista de “la redención a metálico de la suerte del soldado. Esta idea pervivió prácticamente hasta 1989, en que a raíz de la contestación de los grupos pacifistas hasta los dadores de doctrina que lo habían justificado por escrito, comenzaron a mutarla, no por un reordenamiento o evolución de sus ideas, sino por el siempre presente en España “complejo de la caverna”(temor a ser tildado de reaccionario y retrógrado).

Así las cosas, durante una década, pervivió en España una afrentosa desigualdad para el varón. Se había puesto ya fecha a la supresión de la mili y la mujer ya podía ingresar en los ejércitos, pero sólo seguían siendo llamados a filas los hombres. La mujer podía ser soldado y cobrar por ello, pero no era llamada a filas, y si se alistaba estaba en compañía de soldados forzosos que no cobraban. En Hungría esta situación también se dio, y la mujer tampoco estuvo obligada a realizar el servicio militar ni siquiera desde el momento en que ya podía ingresar como profesional en las fuerzas armadas.

Una mínima equidad hubiese pedido que el reclutado forzoso cobrase desde el momento que coexistía con alistados voluntarios. Y desde que se puso fecha al fin de la mili, también hubiese sido de justicia que la carga del reclutamiento forzoso se repartiese, en alguna medida, con las mujeres, ya que en este punto estas podían alistarse. Nada de eso pasó y los últimos soldados de reemplazo obligatorio (nacidos en 1982) fueron unos abnegados que cumplieron gratis con su deber; cuando además podían fácilmente haberse librado por objeción de conciencia, una opción que en ese entonces no hacía falta demostrar y por la que ya nadie era llamado a cumplir ninguna prestación social substitutoria.

Si en España el último llamamiento forzoso fue el del 2001, en Hungría el servicio militar desapareció poco después, a finales de 2004; y al igual que en España existe la figura del reservista voluntario, que es como el antiguo servicio militar pero voluntario y retribuido. Otra semejanza entre los dos países es que en los últimos años de servicio obligatorio, este se había reducido a 9 meses, y que tanto en Hungría como en España coexistieron en esos años el soldado forzoso con el profesional.

Al tratamiento del tema, que ya comencé en mi articulo del número anterior de El Quincenal titulado “Los otros voluntarios”, ahora agrego una nueva divagación, la de la “la mujer guerrera”. Como ya comenté al comienzo del artículo, es interesante el contraste y la coincidencia temporal entre la reivindicación femenina por poder ser militar y la del varón por terminar con el servicio militar. Fue un tiempo en que lo trasgresor, innovador, rompedor era oponerse a ser, si se era varón; y querer ser, si se era mujer. La contradicción terminaba solucionándose con un servicio militar de género en el cual la mujer se insertaba pacíficamente como militar no combatiente, una forma llena de eufemismos y silencios legales.

El título del artículo me lo ha inspirado el de la antropóloga francesa Françoise Héritier, “La sangre del guerrero y la sangre de la mujer”; y aunque su contenido no se corresponde exactamente con el tema de este artículo, sí contrasta lo que llamaríamos la opinión generalizada y académica con una visión diferente de la misma.

Dice Héritier, en otro de sus libros, “Masculino / Femenino” (editorial Ariel 1996), que salvo en la cuestión de la fecundidad, “las aptitudes concretas que componen los retratos de la masculinidad y la feminidad según las sociedades, y que se consideran justifican el dominio de un sexo sobre otro, son un producto de la educación, y por tanto de la ideología”.

Ante esta aseveración tajante y unicausal, la cuestión pudiera ser plantearse si vale la pena matizarla o rechazarla, considerando que en la desigualdad del trabajo, o posición hombre / mujer no sólo caben razones culturales sino también biológicas y/o psicológicas.

En este sentido, la breve obra del norteamericano Kingsley Browne, “Trabajos distintos. Una aproximación evolucionista a las mujeres en el trabajo” –1998-, y traducida al castellano en 2000, (editorial Crítica), incide en el punto de vista de que las diferencias en el mercado de trabajo entre el hombre y la mujer también son biológicas, fruto de la evolución de los sexos. De esta manera, el autor enmienda el discurso actualmente preponderante de que el comportamiento humano es, en buena medida, independiente de la biología, diciendo que por el contrario esta última tiene más influencia de lo que se piensa.

La existencia de factores sociales o culturales no excluye automáticamente la de factores biológicos, en cambio el debate actual en el trabajo hombre/mujer parte de la premisa de que los dos sexos son temperamentalmente idénticos. Tampoco pretende el autor que se apele a la naturaleza biológica humana como subterfugio para el mantenimiento del status quo del varón.

Una de las diferencias que apunta Browne, es que el temperamento es la agresividad en un sentido amplio, no sólo física. Agrega que es propia de los hombres y de ello dan muestras las estadísticas criminales, la típica y competitiva masculinidad y la tendencia a riesgos, físicos y sociales.

Los deportes de riesgo aunque no exijan fuerza física son hegemónicos de los hombres. Un ejemplo es la distinta forma de conducir un coche, o los universales de la caza y la guerra. En la evolución, el hombre ha podido aumentar su éxito reproductivo mediante la bravuconada, uno de los comportamientos que favorecen la selección natural; en cambio, para las mujeres, la evitación del riesgo ha sido la estrategia de mayor éxito, tal como se ve en la crianza y el cuidado de enfermos y achacosos percibido universalmente como más apto para la mujer.

Ahora bien, aceptado más o menos pacíficamente que haya esos distintos temperamentos, el problema es dilucidar si ello responde a la socialización o tienen un fundamento biológico. El autor apunta tres razones que avalan explicaciones biológicas a ese comportamiento: 1) genéticas, que se derivan de la transmisión hereditaria de los rasgos de la personalidad; 2) de hormonas sexuales y su efecto en los comportamientos; y 3) antropológicas, al observarse algunas universalidades interculturales en las diferencias sexuales que son de difícil explicación acudiendo al simple argumento de la invención paralela, y que indican ciertos elementos subyacentes en la psique humana.

Browne incide, varias veces, en lamentar que la carga de la prueba corresponda siempre a quien hace afirmaciones biológicas, y aporta un ejemplo estudiado antropológicamente que le sirve para demostrar su postura. Se trata del estudio de los kibbutz israelitas hecho por Lionel Tiger y Joseph Shepher. En él se expone que teniendo aquellos la pretensión de liberar a la mujer de lo doméstico, creando incluso una socialización colectiva de los cuidados maternos, fueron evolucionando en una vuelta a los tradicionales roles sexuales que se habían pretendido erradicar; no rechazando la igualdad, pero sí encontrando aquellos roles más satisfactorios.

Tampoco se quiere decir con lo anterior que dar cabida a una perspectiva biológica compela a rechazar las políticas igualitarias que no tienen en cuentan dichas perspectivas, pero sí a preguntarse, al menos, si conviene tenerlas en cuenta, sin olvidar que el hacerlo supone tal vez una discriminación positiva para la mujer.

Las fuerzas armadas es un ámbito interesante donde observar la integración e igualdad de la mujer por dedicarse aquellas a una actividad tradicionalmente masculina y por concurrir en dicha actividad unas exigencias biológicas o físicas ajenas también a la caracterización tradicional de lo femenino.

Sorprendentemente a pesar de haberse posibilitado el acceso de la mujer al ejército en tiempo reciente, al final de los años 80 en España y en 1994 en Hungría, ambos países se han puesto a la cabeza de dicha integración de forma cualitativa y cuantitativa. Cualitativamente porque desde 1999 ya no existen limitaciones en cuanto a los puestos que las mujeres pueden desempeñar, habiéndose suprimido las prohibiciones de pertenencia a las unidades más combativas, o de más problemática convivencia como era la de un submarino. Estas limitaciones sí subsisten en otros países, como por ejemplo en Francia para la Legión Extranjera, en Reino Unido para los Royal Marines y en EEUU para las unidades especiales y los combates de primera línea.

Cuantitativamente España es el país de Europa con mayor porcentaje de mujeres en el ejército (13,5%, seguido de Francia con el 12,8 y Reino Unido 9,0; superándonos más allá del océano por EEUU con el 15,05 y Canadá con el 16,09 % de mujeres). En Hungría, según cifras de 2002, la mujer representa el 6,4 % de las fuerzas armadas, 3017 mujeres, y al igual que en España no tienen limitación para puestos de combate ni una distinta baremación en la exigencia de aptitudes.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea, ha tenido oportunidad de pronunciarse sobre el tema, pudiendo entenderse que la jurisprudencia del mismo no impide que un país excluya a la mujer para puestos de combate, pero sí que ve una discriminación contraria a las políticas de igualdad que la exclusión sea general, con formulas para todo servicio de armas, como fue el pronunciamiento en el asunto de la alemana Tania Kreil, c-285/98, en el que se apreció una política contraria a la igualdad, por tener una cláusula general de exclusión de la mujer para las armas, que redundaba en una exclusión generalizada.

Caso distinto es el de la inglesa Sirdar c-273-1997, en que pretendiendo ésta ser soldado cocinera en los Royal Marines, no se le admitió en razón a la exclusión de la mujer para ese cuerpo, lo cual se considera como excepción admisible por tener la exclusión, concreción o especificidad y no por ser una cláusula general como en el caso de Tania Kreil.

Respecto a cuerpos y especialidades no combatientes, parece haber pues una unidad de criterio. El problema es la exclusión o no de la mujer de los actos de combate más directos y no preparatorios, auxiliares o posteriores al mismo. La prueba de esta polémica es la exclusión de la mujer en esas acciones, incluso en países con más antigüedad en admitir a la mujer como es el caso de Francia. Exclusiones que como he mostrado han superado más de un recurso ante tribunales internacionales.

Y es que ya no se trata de que la mujer sea objetivamente o no capaz de matar o de morir, se trata de la repugnancia ética y estética que puede producir (o produce) el que quien da la vida, la quite o se le quite. La cuestión es no sólo que la mujer sea apta para clavar la bayoneta, sino de ser capaces de clavársela a ella. ¿Es esta repugnancia razón suficiente para que se tenga en cuenta en las políticas de defensa, excluyendo a la mujer del combate? Para otros países parece ser que sí, aunque los subterfugios argumentales no sean estos, al menos explícitamente, y se recurra, como es en el caso inglés que hemos comentado, a expresiones vagas como “garantizar la eficacia del combate”, pero sin explicar en que consiste la pérdida de la misma por la presencia de la mujer en las fuerzas de asalto.

Al fin y al cabo, en la Antígona de Sófocles se vislumbra esta repugnancia a dar muerte a la mujer cuando Creonte expresamente evita que se de muerte a la heroína y dispone que se la deje morir encerrada. Tampoco creo que eso sea misoginia, lo digo porque el filósofo Fernando Savater en “La tarea del héroe”califica de “explícita misoginia en el culto heroico” la anécdota del escritor Yukio Mishima que coleccionaba en su juventud imágenes triunfales de todas las culturas, rompiendo la de la heroica Juana de Arco cuando alguien le comentó que no era, como él creía, un joven héroe franco.

En Hungría y España, que no existen esas restricciones, al menos se ha mantenido la coherencia de mantener los perfiles psicofísicos de idoneidad para el puesto, con independencia del sexo del aspirante, Porque lo que desde luego no garantizaría la eficacia en el combate serían unos perfiles físicos distintos en que las exigencias o aptitudes exigibles variaran por sexos, aunque nadie puede con ello exigir al hombre que altere su percepción de la feminidad.

Esa radical igualdad de los sexos puede haber sido, de alguna forma, la favorecedora de la falta de respeto al cuerpo de la mujer, que provoca tanto crimen doméstico. Porque lo que la igualdad de los sexos no puede cambiar es que el hombre sea más fuerte y más violento; el bruto, invitado también a la fiesta de la igualdad. Sin darnos cuenta, se ha inhibido el respeto a lo femenino.

De cualquier manera, Héritier con sus referencias a que el hombre derrama su sangre y la ajena, y la mujer da la vida, termina dando una velada alusión al origen biológico de la diferencia: “Acaso en esa diferencia (refiriéndose a lo anterior de la sangre) radique el resorte fundamental de todo el trabajo simbólico vinculado a los orígenes sobre la relación de los sexos”.

¡Boom en la cabeza!

por Sebastián Santos

“No te sirve para nada saber quién es
el que va a apretar el gatillo,
porque la bala va a venir de cualquier lado,
y te va a dejar una agujero como cualquier otro.”

¿Por qué en este número de El Quincenal estamos hablando de armas y no estamos hablando de melones? Simplemente porque nos quedamos colgados con la matanza de Virginia.

Para bien o para mal los gringos son los que ponen los temas de conversación, los problemas en cuestión y hasta los gustos. ¡A joderse al que no le guste! Lo copiamos todo, casi sin criterio, ansiosos por parecernos a la gente bonita de Metrópolis. En términos artísticos contemporáneos el hip-hop es un ejemplo vivo, que abarca, con lógica de gueto, el universo de los grafitis, el rap y su vestuario.

Si en Yanquilandia el problema son las armas, aquí el problema son las armas. Si allá pintan las esquinas marcando el límite de las bandas, re-editan los gorritos de béisbol, usan los pantalones caídos por las rodillas y cantan rap puteando hasta que se les llena la boca de culebras y no paran de hablar de pistolas y muertos, aquí también hacemos lo mismo, lo más parecidito que podamos.

En términos de estética la “invasión” latina nos viene muy bien porque como nos es dificilísimo ser negros, probamos parecernos a los chicanos, que también son muy duros y están muy de moda. Ese marroncito sudaca, que aquí en Hungría le dicen créole, nos iguala. Somos todos marrones. Ellos por mestizos, nosotros por gitanos. Y a los que no pueden ni hacer de gitanos por el blanco impoluto de su tez, les quedan tres opciones. O bien eligen el modelito raper feliz cumpleaños, o el cuasi skinhead, que aquí pega bien duro, o se decantan por la onda guerrillero en plan Che Guevara o Frente Zapatista.

No soy un gran conocedor del rap húngaro, tengo que admitirlo de entrada. Para este artículo desarrollé algo así como una hipótesis y busqué comprobarla. Hice, digamos, una aproximación al tema con una mirada bien sesgada. La idea es que lo copiamos todo de los yanquies: Los jóvenes se decantan por el hip-hop que está de moda y lo copian igualito, temas incluidos. El más preocupante de estos temas es el de la apología de la violencia con armas, que en Estados Unidos será un problema crucial y extendido, pero aquí la verdad sea dicha, las armas no son una cosa popular.

El uso de armas de fuego en Hungría sigue siendo, como antaño, exclusividad de los cuerpos de represión del estado, de los que están en activo o de los que han pasado por él o se mantienen en su periferia. Además aquí no se lleva el estilo mesiánico yanquie de matar por iluminación divina. Aquí si se mata, se mata por dinero y se hace un atraco a un banco o a un furgón. Reiteradamente de la lectura de las investigaciones de los distintos robos sangrientos que aparecen en el periódico sale a la luz que se trataba de algún policía o militar que hacía aquello del doble empleo o como decían en Argentina, era parte de la mano de obra desocupada por los continuos recortes y limpiezas del sistema. No quiero pensar mal, pero tal vez la alevosía con que el súper comando se cargó al que se le ocurrió robar a pistola limpia la sucursal del OTP de Széna Tér el pasado viernes 4, tiene que ver con que no salgan más trapitos sucios al sol.

El caso es que a la manada rapera húngara, a quien más y a quien menos, le encanta insultar y hacerse el pistolero. ¡Son unos pajeros! Literalmente es una práctica de lo más onanista, o para ser más finos, una forma de sublimar los instintos asesinos. “En seguida la pak-pak-pak que tengo en la mano va a empezar a putear, los va a dejar a todos blancos como la nieve, viejo, ya estoy escuchando el Boom en la cabeza, de la 45. ¡Muerto o colega!”

Buscar en el ambiente del hip-hop referencias explícitas a las armas no fue una tarea complicada, incluso para alguien como yo, con conocimientos muy limitados del húngaro. En vivo, adivinar de qué hablan es más difícil, por eso fue conveniente conseguir algunas letras vía internet y buscar palabras claves como armas, bala, pistola y demás. Igual, en directo hay muchas evidencias a esta clara apología de la munición, por ejemplo sonidos de disparos en las canciones o fotos con el cantante esgrimiendo una pistola con aire de chulería, sobre todo con el brazo estirado hacia delante y la pistola en horizontal. Se ve que eso es muy “cool”.

Como ejemplos redondos de estos papanatas del hip-hop es de mérito nombrar a Goz, Killers y Northside Company. Son unos jovencitos con problemas que mezclan en sus canciones la estética de la pistola, ruidos de tiros y constantes menciones a un lejano gueto.

Este género del hip-hop en el ambiente se llama “fake”, por falso. Los entendidos, los que se reúnen por ejemplo los jueves en el Kultiplex a darle al micro, explican, clasificando todo el ámbito cultural del hip-hop con términos en inglés, cómo no, que son falsos porque no son originales y no hablan en sus letras de la vida que conocen, sino que copian una bien lejana. Como dicen “Estos niñatos en la vida no han tenido una pistola en las manos.”

Fuera de los grupos más juveniles, el exponente del hip-hop, y del fake en particular, en Hungría, es sin lugar a dudas Ganxsta Zolee. Se trata de un pureta de unos 40 años, de familia de actores mediocres, que además de participar en algunas películas y series de segundo orden tiene un grupo de rap. Ahora el grupo se llama “Ganxsta Zolee és a Kartel”. Según mi definición anterior cuadra en la categoría de blanquito arrepentido con estética de guerrillero colombiano, de ahí lo de cartel y las múltiples referencias a la merca.

La última vez que lo vi fue en el Tacuba del distrito XVII, cerca de donde Dios perdió el poncho. Llegar fue toda una aventura, de la que me enorgullezco como un niño pequeño que dejan viajar solo en bus hasta la escuela. Hay que seguir, para mantener la línea gringa, recto-recto el recorrido del autobús 61, que suena como la famosa autopista pero con más pozos y menos señalizaciones.

El lugar no podía haber sido más fake. Distaba años luz de lo que podría ser un antro de resistencia urbana. Era un restaurante, en un pequeño polígono industrial, muy pijo. Nada más llegar, como en casa, me encontré con Ganxsta que cenaba en la barra tan contento. Era como un payaso. Era el raro, el que iba vestido de guerrillero con pelo largo, barba y lleno de tatuajes. Igual que su coleguita de grupo. Eran un moco pegado en el cristal de un Polo impecable de una rubia tonta.

En el stage las cosas no cambiaron. El público seguía siendo pijorro y la música que antecedió al concierto era sobre todo disco. El grupo lo componen 4 maduritos que cantan en plan chicos malos del gueto y 4 péndex que hacen de la banda, con un sintetizador, una bata, una guitarra y un bajo. Estos chicos podrían tocar en cualquier lugar, no son patrimonio del rap ni mucho menos. Son estrellas suaves de juegos de música electrónica y fiestas de pueblo.

Con todo la gente, para mi sorpresa, lo vio y se meneó encantada, claro, sin hacer ningún escándalo, todo muy sobrio y contemplativo. El tío es ante todo un famoso y más de uno se sabía las letras. No se trata de un personaje de los bajos fondos. Recuerdo que el primer comentario sobre Ganxsta me lo hizo Krisztian el año pasado. Krisztian estudia en una escuela privada y ahora debe estar en quinto de primaria. El caso es que no hay nadie que no lo conozca.

Pero sí hubo sorpresa, no solo porque como los demás yo también la pasé bien, ¿para qué mentir? sino porque, poco a poco, la música fue dejando ese tono rapero cuadrado y se fue perdiendo en un ritmo futbolero y casi punk, muy a tono con las bandas argentas que alguna vez bailé. No es casual. Ganxsta declara en cuanta ocasión tiene ser amante del fútbol argentino y sí, ahí estaban más de uno enfundado en la camiseta celeste y blanca de la selección. Tiene incluso un cd que se llama Argentin Tangó.

En un momento dado salieron de la primera línea las 6 chicas bonitas que movían el culo tarareando las canciones y entró la brava del Kartel. Ahí empezaron los saltos, las manos alzadas en plan Bombonera y el pogo. La apoteosis fue cuando el mismo Zolee se puso a poguear desaforado. Fue una alegría total y ahí empezó a desmoronarse mi hipótesis. ¿Quién se ríe de quién?

Y en el aire ya enrarecido por el humo y el sudor, la peña no paraba de saltar frente y sobre el escenario y a agitar los brazos rítmicamente en alto, haciendo con la mano una pistola y gritando: “Y al pedo, hermano, te pones a sacarte los piojos de encima, porque siempre, una y otra vez, va a venir alguien que te va a encontrar y...“¡Boom en la cabeza! ¡Boom en la cabeza! ¡Boom en la cabeza!”.

Nota:
Entre comillas parte de “Boom en la cabeza” de Ganxsta Zolee és a Kartel.

Con permiso para matar

por Kléber Mantilla

El Banco OTP ubicado en la esquina Széna, a una cuadra de la Plaza Moscú, una de las principales de Budapest, fue torpemente casi asaltado por un hombre que portaba dos pistolas de mano. Este aficionado a las armas secuestró tres rehenes y vivió un par de horas más hasta que la Policía lo eliminó en un operativo cinematográfico.

Pese a que paralizó la ciudad por unas horas, su historia quedó registrada como una mala copia del video de Cho Seung Hui, el estudiante coreano, que 19 días antes había disparado a un centenar de estudiantes y profesores, asesinando a tiros a 33. Hecho ocurrido dentro de la Universidad de Virginia Tech, en los Estados Unidos.

Historias paralelas: sueños tenebrosos y un final de muerte. Sin embargo, viene otra vez la pregunta que acaba con la tinta de los periódicos: ¿Por qué es tan fácil comprar armas y más aún para desequilibrados mentales? En Virginia y en Budapest fueron armas de mano.

Hablamos de estados liberales, con respecto a las armas, porque cualquiera las puede adquirir y el chequeo sobre la persona que las adquiere es muy limitado. Cho compró una pistola Walter calibre 22, usada para prácticas de tiro, municiones y una pistola semiautomática Glock 19, que dispara cinco balas de golpe. Todo con su tarjeta de crédito, en una tienda frente de la Universidad.

La globalización cambió el comercio de las armas pero también su uso. Las empresas fabricantes de armas, obtienen los componentes para esas armas en muchas partes del mundo y, para ello, requieren también de mensajes promocionales como cualquier otro negocio pero con distintas magnitudes y direcciones.

“Muchas veces –la industria armamentista- monta sus productos en países donde los controles sobre el destino final de éstos son poco estrictos. Así, muy fácilmente, las armas van a parar a manos de quien no debería tenerlas”, relata un documento titulado “Armas Bajo Control” de Amnistía Internacional.

La carrera armamentista implica varios aspectos: los artefactos nucleares, las armas convencionales y espaciales, pero además la parte promocional y de difusión, que no se incluye en el presupuesto actual que bordea el billón de dólares. Los mayores compradores y usuarios de armas son los países más pobres del planeta.

Y no queda ahí. Por decir, hace pocos días, al estado Húngaro ya no le interesó ni vender, sino regalar armas, pues todo un cargamento bélico caduco y de utilidad obsoleta fue donado a Afganistán. Es decir ahora muchos gobiernos buscan países que sirvan como arsenales o más bien como basureros de armas para reubicarlas. Las autoridades húngaras confirmaron que resulta más barato y efectivo regalar toneladas de material bélico antiguo, que intentar destruirlo localmente. Incluso afirmaron que es demasiado costoso tratar de mantenerlo. Mucho más riesgoso si mencionamos armas nucleares.

Cabe un ejemplo. Un informe de la Fundación Legal de los Estados Occidentales, organización dedicada al desarme, indica que los gastos en armas nucleares de Estados Unidos aumentaron en un 84% desde 1995, hasta alcanzar una cifra de 40.000 millones de dólares. Con ese dinero se mantienen unos 10.000 misiles nucleares, 2.000 de los cuales se encuentran en estado de máxima alerta.

Es que desde el ataque a Hiroshima y Nagasaki en 1945, la producción de la industria armamentista mucho ha cambiado. Ya no se trata de simples razones militares estratégicas como en aquellos tiempos, sino que ahora se impulsa a través de intereses comerciales y propagandísticos de multinacionales, cuyo centro de operación es el Complejo Militar Industrial Norteamericano.

Según Amnistía Internacional, cada año, las armas convencionales matan 300 mil personas, y muchas más mueren, son heridas, sufren abusos, desplazamientos forzados, y lo pierden todo como resultado de la violencia armada. No obstante, el gasto militar global de solo un año supera los 834.000 millones de euros, mucho más que las cifras de toda la Guerra Fría, quince veces más de lo que se gasta actualmente en ayuda internacional. En cuatro años, 100 empresas de armas incrementaron sus ventas en un 70%.

El informe “Project on Government Oversight” (POGO, Proyecto de Supervisión Gubernamental), un grupo que vigila el gasto militar, indica que entre enero de 1997 y mayo de 2004, sólo 20 grandes proveedores recibieron más del 40% de los contratos armamentistas del gobierno estadounidense. “Los 34 principales directores de estas empresas ganaron 1.000 millones de dólares desde los atentados del famoso 11 de septiembre en Nueva York. Los consorcios beneficiarios son Lockheed Martin, la gigante aeroespacial Boeing, Northrop Grumman, contratista de la Fuerza Aérea, Raytheon, y General Dynamics. Además, son firmas con contratos en temas de producción nuclear y viajes espaciales, así como con el área de satélites y misiles.

Las bombas de Hiroshima y Nagasaki no fueron solo para buscar la rendición de Japón, sino también para iniciar la carrera armamentista mundial y aumentar las ganancias de las corporaciones del Complejo Militar Industrial, las mismas que financiaron ese proyecto de bombardeo. Por ejemplo, la firma Boeing fabricó los bombarderos que transportaron las bombas atómicas a Japón en 1946.

En realidad son nueve los países que tienen arsenales nucleares, pero sólo cinco: Estados Unidos, Rusia, Francia, China y Gran Bretaña, tienen aprobación de la ONU. Sin embargo, la economía de Rusia y EEUU depende del armamentismo, que juntos suman el 95% del arsenal nuclear mundial, que destruirá el planeta Tierra en cien veces, con gran parte del Universo.

Pero, ¿cuál es el papel de los países miembros de la Unión Europea como Hungría? Pues proteger sus propias carreras armamentistas o, de ser el caso, sus arsenales nucleares, pero de acuerdo a la potencia locomotora estadounidense.

Hungría es miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), conjunto de países que tienen en su territorio misiles nucleares estadounidenses y que votaron a favor de una resolución de la ONU para la “reducción de armas nucleares no estratégicas”.

Peter Rudolf, en el diario alemán Aussen-Politik, sobre la expansión de la OTAN, dice que se produce porque responde al interés de Estados Unidos en perpetuarse como potencia en Europa, y no al deseo de “neocontención” de Rusia, supuesta razón original. Sería simplemente una ampliación de la política estadounidense de “hegemonía benigna”.

Por un lado, muchos otros países del tercer mundo hacen gastos excesivos en materia armamentista: Pakistán e Irak han tenido presupuestos militares que duplican su gasto social. Y por otro, la ONU busca evitar el enorme flujo de armas ilegales, que proviene de los excedentes de Europa Oriental y de la ex-URSS, donde se habían establecido fábricas de armamento en la era soviética. Pero Washington bloqueó cualquier resolución internacional al respecto, pues para “los gringos” se infringiría el supuesto derecho del individuo a portar armas para su defensa, un principio apoyado por poderosos intereses dentro de EEUU.

El analista Roberto Palmitesta, dice que los mercaderes de armas o “perros de la guerra”, ganan en el mundo que rinde culto a la violencia. “Aún en tiempos de paz, como se refleja en las numerosas secuencias violentas que aparecen diariamente en la televisión, llenas de batallas, tiros, explosiones y peleas, en programas financiados por gente convencida que se requieren cintas de acción para conservar o aumentar la sintonía de un canal. No es extraño, pues, que exista una mentalidad guerrera y los jóvenes de todo el mundo gusten cada vez más de la violencia, en todas sus formas”.

Cifras de la industria para matar

- El valor de las exportaciones autorizadas de armas es de 21.000 millones de dólares al año.
- Hay 639 millones de armas ligeras en el mundo, una por cada 10 personas, fabricadas por más de 1.000 empresas en al menos 98 países.
- Cada año se fabrican 8 millones de armas y 16.000 millones de municiones, más de dos balas por cada hombre, mujer y niño del planeta.
- Casi el 60% de las armas ligeras está en manos de civiles.
- Se calcula que entre el 80 y el 90% de todas las armas ligeras ilegales provienen originalmente de transacciones aprobadas por los EEUU.
- La proliferación descontrolada y el abuso de las armas se cobran un precio gigantesco en términos de vidas humanas.
- Cada año más de 500.000 personas mueren por el disparo de un arma convencional: una persona por minuto.
- En la Primera Guerra Mundial, el 14% de las víctimas eran civiles. En la Segunda Guerra Mundial, esta cifra ascendió al 67%. En algunos de los conflictos que se libran hoy en día, la cifra es aún mayor.
- 300.000 niños soldados participan en conflictos armados.
- La tortura y los malos tratos a manos de funcionarios del Estado -en su gran mayoría, policías armados- fue una práctica constante en más de 70 países entre 1997 y 2000.
- En los conflictos armados se viola a mujeres y niñas a punta de pistola: 15.700 en Ruanda y 25.000 en Croacia y Bosnia.
- La proliferación y el abuso de las armas destruyen los medios de vida de las personas e impiden que los países salgan de la pobreza.
- Un tercio de los países del mundo invierten más recursos en las fuerzas armadas que en los servicios de salud.
- Cada año, los países de África, Asia, Oriente Medio y América Latina invierten un promedio de 22.000 millones de dólares en armas. La mitad de esta suma permitiría que todos los niños y niñas de estas regiones recibieran educación primaria.
- El gasto de El Salvador en servicios de salud para tratar los efectos de la violencia equivale a más del 4% de su producto nacional bruto.
- En África, las pérdidas económicas causadas por las guerras suman unos 15.000 millones de dólares anuales.
- El gasto total de defensa en Pakistán constituye un tercio de su producto nacional bruto, o la mitad, si se incluye el pago de deudas relacionadas con las armas.

Fuentes:
Amnistía Internacional y Oxfam

domingo, abril 29, 2007

Sangre de voluntarios o voluntarios de papel

Después de atropellar al personal con, por lo menos, un par de revoluciones industriales, los sociólogos y economistas de prestigio todavía no se ponen de acuerdo a la hora de definir el “cuarto sector”. Los amantes y fieles seguidores del Nasdac no dudan en definirlo como el sector de las telecomunicaciones; pero también hay una banda de “raritos” que hablan del cuarto sector como aquel del voluntariado. Habría que preguntarles por qué no avanzan casilla y se decantan, para evitar debates vanos, por un cómodo y tranquilo quinto sector.

El caso es que este último cuarto o quinto sector se define de manera funcional como aquel en el que una porción de la mano de obra de los países desarrollados, expulsada del sistema de producción por el avance tecnológico y el desempleo estructural ocupa progresivamente los espacios que, con habilidad, el estado neo-liberal va dejando vacíos.

Comenta Daphnakadabra,a raíz de la foto que ilustra la editorial, que en el antiguo Egipto acostumbraban medir los corazones al morir. Básicamente era cuestión de ver si eran más livianos que una “pluma”. Si no lo eran significaba que no estaban limpios, que tenían todavía algún problema por resolver. Justamente ese es el procedimiento que muestra la instalación de la fotógrafa. Aquí la impoluta y “blanca” joven hace de balanza. El corazón busca equilibrarse contra una Biblia. Todo consiste en balancear, por un lado la presión social y las reglas que se supone debemos seguir y por otro lado el modo en que lo hacemos. La pregunta es si el corazón es más liviano que todas esas expectativas morales.

De estas dos formas de encarar la “entrega”, una más calculada que la otra, solo nos queda mirar de reojo y desconfiar de los chicos buenos, que siempre son más feos que los malos, por cierto; o pensar que en algún momento lo hicieron de corazón pero ahora.... seguro pillan cacho.

El voluntariado

por Nikolett Gabriella Czakó

En los últimos años, muchos jóvenes deciden pasar unos meses, o incluso un año, como voluntarios después de haberse recibido en la universidad. Es la manera perfecta de acumular experiencia, con asesoría y apoyo.

Pero hay que tener en cuenta que ser voluntario es una responsabilidad muy grande, ya que uno debe hacer su trabajo de la misma manera como si recibiera un sueldo.

De inicio debemos conocer un poco el concepto del voluntariado. ¿En qué consiste este trabajo? ¿Y para qué sirve? ¿Quién es una persona voluntaria? Estas son las preguntas básicas para poder hablar sobre este tema.

El concepto del voluntariado

El voluntariado es una actividad que se hace individualmente o en grupos, frecuente u ocasional, en el interior o en el exterior del país de origen, y para el bien común. Se trata de una actividad que se hace “voluntariamente, sin ninguna compensación económica”. Esta actividad se realiza en organizaciones sin fines de lucro, privadas o estatales, aunque a veces también en empresas. Su ventaja es que favorece la integración social, combate la pobreza y la exclusión. El voluntariado ayuda a mejorar el entorno socio-económico y de la comunidad en general.

¿Para qué sirve?

Una de las principales metas del proceso de socialización, empezando por la formación y educación de las personas, es que éstas se transformen en componentes o miembros activos de la comunidad. Desde el punto de vista de los jóvenes, es recomendable la inserción laboral en un ambiente de apoyo, donde la mayor responsabilidad recaiga en personas más experimentadas.

El voluntariado es una estrategia especialmente llamativa entre los jóvenes, dada la actual tendencia de los parados de larga duración jóvenes que no logran ingresar al mercado laboral después de haber terminado la carrera dada su falta de experiencia. También es una opción importante para el regreso de las mujeres, después del parto, al mercado de la mano de obra asalariada. Para los voluntarios jubilados este trabajo puede llegar a ser atractivo ya que de esta forma se evita la soledad y el aburrimiento.

Como en otros países europeos, en Hungría aumenta el voluntariado. La paleta de posibilidades es mayor. Surgen constantemente asociaciones donde se puede encontrar el trabajo deseado y a medida. Quizá la organización de voluntariado más conocida sea EVS (European Voluntery Service), con la cual se puede trabajar en Hungría o en el extranjero.

En Hungría, el trabajo voluntario más común, o mejor dicho, el más buscado, es el de la organización del tiempo libre: trabajar en instituciones culturales y organizar campos de trabajos.

Gracias a la encuesta de Czike Klára y Kuti Éva, titulada “Donaciones civiles y actividades voluntarias” (Czike Klára - Kuti Éva: Lakossági adományok és önkéntes tevékenységek; Nonprofit Kutatócsoport Egyesület, Önkéntes Központ Alapítvány, 2005) podemos tener datos sobre la situación del voluntariado en Hungría durante los últimos 2-3 años.

Existen dos grandes tipos de voluntariado. Un “nuevo voluntariado”, que consiste en capacitarse y a la vez pasarla bien. Y el “viejo voluntariado”, que es una actividad que se ocupa con los valores tradicionales cívicos, religiosos y solidarios.

Según los datos, son más los jóvenes que eligen el nuevo tipo de voluntariado, incluso antes de haber terminado la carrera. Lamentablemente, todavía el sistema educativo húngaro no está dispuesto a adaptarse, a ampliarse, a esta nueva modalidad.

Las cifras nos muestran que en 2004 el 40% de las personas mayores de 14 años, es decir, cerca de 3,5 millones de habitantes, se incorporaron a actividades voluntarias. En la mayoría de los casos participaron en programas solidarios para desarrollar la esfera local, a través de instituciones oficiales y organizaciones socio-culturales. El trabajo con niños ocupa el primer puesto.

Otra conclusión interesante, que podemos extraer, es que los más activos son los hombres de entre 31 y 40 años.

Por último hay una votación, no representativa, que aparece estos días en Internet, sobre el voluntariado. Ante la pregunta “¿Con qué frecuencia participas en actividades voluntarias?”, el 15% dice que cada día; el 19% que cada semana; otro 19 % que mensualmente; el 11% que anualmente; y el 36% que nunca.

Encuentro de voluntarios

Un evento de este tipo que hubo en Budapest entre el 15 y el 18 de marzo fue el encuentro que organizó la IYNF (International Young Naturfriends). Esta asociación está representada en Hungría por el TFSZ (Természetjáró Fiatalok Szövetsége).

La IYNF tiene un sinfín de áreas de trabajo. Organiza eventos, talleres, campos de verano y jornadas de planificación y estudio. Se autodefinen dentro de la educación no formal. Tienen una revista llamada “Variety”, que recoge las experiencias y opiniones de los voluntarios.

Este primer encuentro, al que asistieron unas 45 personas, tuvo como objetivo principal que los jóvenes, que en el futuro desarrollarán los programas, se conocieran mejor y pudieran cotejar opiniones y perspectivas. Las jornadas se organizaron en talleres que representaban la estructura general del sistema del voluntariado, donde cada elemento se coordina con el otro, a veces sin saber exactamente como funciona cada uno. La clave es hacer bien el trabajo que se les encomienda.

Ser voluntario tiene muchas ventajas, especialmente para las personas ayudadas, pero también para el propio voluntario, que a partir de esta actividad, consigue experiencia laboral, conoce otras culturas, rompe estereotipos, y amplia su red de relaciones primarias. El grupo se transforma en una comunidad unida y al servicio de todos.

Fuentes:

www.onkentes.hu
Czike Klára - Bartal Anna Mária: "Önkéntesek és nonprofit szervezetek – az önkéntes tevékenységet végzők motivációi és szervezeti típusok az önkéntesek foglalkoztatásában". Acta Civitalis 2005
Czike Klára - Kuti Éva: "Lakossági adományok és önkéntes tevékenységek"

Los otros voluntarios

por Ricardo Izquierdo Grima

Si preguntáramos hoy, en una encuesta, que se entiende por “voluntario”, probablemente, y en el ámbito de la sociedad europea, se nos contestaría mayoritariamente, que es el individuo que desinteresadamente y sin ánimo de lucro colabora o realiza una prestación de carácter social o benéfico en interés de la colectividad, o en un sentido más universal, en interés de la Humanidad. Pero esta definición, aunque creemos válida, no recoge lo que un siglo atrás, y algo menos, la palabra “voluntarios” significaba, y más aún evocaba.

El voluntario de hace un siglo era, ante todo, el que comprometido con su país, en defensa del mismo, o comprometido con el ideario de una revolución o sublevación empuñaba las armas sin obligación legal de ello, dando la cara a la muerte y asumiendo, por tanto, el posible sacrificio de su vida.

Esta voluntariedad, ya que significa que no hay obligación o imposición de reclutamiento, necesariamente se ha de referir a jóvenes en edad premilitar, a adultos que ya han traspasado esa edad o a mujeres. Por centrarnos en alguien, y recabado el auxilio de la literatura, aludiremos sólo a los jóvenes.

Cierto es que la sociedad europea ha ido renunciando a la ética y estética de una épica, o militarismo si se prefiere, que la condujeron a dos guerras mundiales, hitos significativos del desangrado solar europeo de la primera mitad del s. XX. Pero también es verdad que cualquier momento o episodio de la historia contemporánea se ubica en el tiempo en referencia a la I Guerra Mundial, a la época de entreguerras o a después de la II Guerra Mundial. Son referencias ineludibles que acompañan las biografías de más de una generación, incluso las de aquellos que no participaron, o ni siquiera las sufrieron directamente. En un nivel similar se podría añadir la Guerra Civil Española de 1936-1939 o la Revolución Húngara de 1956.

Sabedores del desastre a que puede conducir el culto a lo épico, la cuestión es reconsiderar la conveniencia de mantener, aunque sea como brasas o rescoldos, cierto espíritu de entrega, que en un momento determinado y necesario, permita el sacrificio por la comunidad. Y ello no sólo porque estrictamente sea necesario, sino también por respeto, homenaje o recuerdo a aquellas generaciones de jóvenes, que generosamente se ofrecieron, hasta las últimas consecuencias, en defensa de su país o de sus ideales, constituyendo el basamento, más o menos próximo, de nuestra sociedad actual.

Evidentemente la paz es un valor supremo, pero nadie destruye las vacunas de una enfermedad que aún no ha desaparecido, y la belicosidad de los humanos seguramente no se solucione con el culto a un pacifismo, que llegado el momento, no sepa plantar cara al atropello y al horror.

Esa llamada cultura de la paz, que en su exacerbación máxima conduce al ridículo de desmantelar museos militares, y destruir monumentos a los caídos, ha sido probablemente la causante de que en la última sangría europea, la de la antigua Yugoslavia, se produjese una de las más vergonzosas y bochornosas situaciones, la intervención extra europea para quitar de en medio la inmundicia belicosa y criminal.

Ni los países, ni las civilizaciones, o si se quiere, ni las culturas, no pueden, ni deben, erradicar cierto espíritu épico o batallador, no necesariamente militarista, que llegado un momento permita el sacrificio, como precio por la salvaguarda de los ideales por los que vale la pena arriesgar la vida, aunque sea guardándolo en lo profundo del inconsciente social.

Este espíritu de sacrificio es el que hubiese evitado alguna de las páginas negras de la historia militar reciente. Como por ejemplo, la del verano de 1995, en la que una fuerza militar europea entregó indefensa a toda una población civil, a cambio de unos pocos de sus soldados. En otras circunstancias, con otra mentalidad, hubiesen asumido el sacrificio, aunque probablemente tampoco así hubiesen impedido el genocidio de 8000 bosnios de Sbrenica a manos de los serbios.

Es frecuente que referenciemos nuestra biografía a episodios históricos mediáticamente significativos, los que forman parte fundamental de nuestra banda sonora, el decorado de nuestra vida. Recuerdo que durante mi adolescencia eran muy frecuentes en la televisión española las crónicas y reportajes sobre la guerra del Vietnam. Recuerdo especialmente una anécdota de aquella guerra que quedó definitivamente incorporada a mi historia personal.

Corría el año 1972 y la noticia era que el ejército norteamericano había descubierto entre las filas de una de sus unidades combatientes a un soldado, que había falsificado sus datos personales. Él tenía tan sólo 14 años, y era “aquel voluntario” de mi misma edad. Para bien o para mal, desde ese momento empecé a ver como más próximo el conflicto y a vincular, aunque fuese por los pelos, a esa guerra con toda mi generación.

Siempre me impresionó esa entrega juvenil, que sin tener aún obligación alguna, asume un compromiso voluntario en el que pone en juego su vida. La literatura tiene abundantes ejemplos de ello. Reparo hoy, de memoria, en dos obras nuestras que en su momento se tradujeron al español. Una es “Muchachos en los tejados” de Tamás Szabó, publicada en Buenos aires en 1959 por editorial Ágora, y la otra, de Józsi Tóth, “Un puñado de tierra negra”, publicada en Barcelona en 1960 por la editorial Luís de Caralt. La primera es un relato autobiográfico de quien con 15 años participó en la revolución de 1956. El nombre es un seudónimo y desconocemos la identidad verdadera del protagonista. Al fracasar la revolución huyó a París donde escribió su relato. La otra obra es una novela, cuya narración arranca con la revolución comunista húngara de Béla Kun y llega, tras largo relato, a la revolución de 1956, donde de nuevo, los participantes en la misma son jóvenes voluntarios.

He extraído, como ejemplo, una escena de la narración, acaecida en aquel otoño sangriento en las calles de Budapest, la conversación se desarrolla entre un adulto y un joven voluntario, no más que un adolescente:

“-Y no tienes miedo?
- La primera vez que se me acercó un tanque sí que lo tuve, pero ya me he acostumbrado.
-¿No querrás decir que tú también peleas?
-Pues claro. ¿Qué te creías tú entonces? –contesta el chiquillo con orgullo- En la plaza Széna ya me he cargado a dos tanques. (Lo dice con la misma naturalidad como si el destruir tanques fuera una tarea escolar de cada día)” (pág.439)

Pero anterior a esas dos narraciones, y tratándose de nuestro contexto europeo, no se puede prescindir de otra obra, en la que el autor no sólo relata su experiencia como combatiente voluntario en la I GM., sino que también agrega las reflexiones y pensamientos hechos a posteriori en su centenaria existencia. Ernst Jünger (1895-1998) había nacido bajo el signo de Aries un 29 de marzo en Heidelberg, y poco antes de cumplir 20 años marchó voluntario para el frente. Recogió sus memorias en varios relatos hasta que finalmente, en una edición española, se agruparon en una sola obra con el título “Tempestades de acero”, y que desde luego fue materia prima para la forja de su pensamiento posterior.

En la nota aclaratoria de la edición señalada (Editorial Tusquets 1998) el traductor Andrés Pascual Sánchez no puede ser más expresivo para lo que estamos tratando: “Como tantos otros centenares de millares de adolescentes en casi todos los países, Ernst Jünger se presentó voluntario para acudir al frente el mismo día que estalló en Europa la guerra”; o como dice unas líneas más arriba, para la generación de Jünger esa guerra “...fue no sólo un suceso capital, sino el verdadero cimiento de sus existencias”.

Pero Jünger no sólo fue un voluntario, sino que fue un pensador más allá de sus memorias de guerra y le encontramos razonamientos que vienen muy al hilo. Vayamos a un ensayo imprescindible entre sus obras, “La emboscadura” (Editorial Tusquets, 3ª edición 2002). Es una obra sin desperdicio: “La relación que la emboscadura mantiene con la libertad es más estrecha que la que con ella mantiene cualquier clase de armas; en la emboscadura está viva la originaria voluntad de resistir. De ahí que sólo serán aptos para ella los voluntarios. Estos se defenderán en cualquier caso, con independencia de que el Estado los prepare, arme o movilice o no haga ninguna de esas cosas. Los voluntarios dan con ello prueba de su libertad, lo hacen de manera existencial” (pág. 142).

Este pensamiento tiene una proyección de más alcance y puede ser aplicable a momentos cotidianos de la vida y no sólo a los heroicos o convulsos, lo cual hace que sirva además de entrenamiento para los momentos más trágicos. Seguramente el progreso moral y social de los pueblos precise de esa ética de sacrificio de los individuos que los componen, y que en modo alguno ha de encubrir o justificar al criminal; a lo que también alude Jünger cuando señala que el emboscado “...se diferencia claramente en su moralidad, en su modo de combatir, en la gente con que se trata, del criminal; también es importante que esa diferencia esté viva en su interior”(pág.155).

Esta última sentencia es una prevención ardua que no se puede esquivar y que exige distanciarse de la barbarie y de los apóstoles de la violencia, que aprovechan los momentos heroicos de los pueblos para satisfacer sus instintos asesinos. Y sin olvidar esta alerta también nos valen retóricas semejantes a las que podemos exigir el mismo compromiso moral, como aquella que señalaba que el grado de peligro en que un hombre vive por su voluntad es la única medida de su grandeza. Sólo aquel que sabe jugarse el todo, puede ganar el infinito; sólo el que arriesga su propia vida, puede dar a su estrecha forma terrestre un valor infinito.

“Fiat veritas, pereat vita, que importa que la vida perezca si se salva la verdad ”. (Nietzsche). ¿Qué son los voluntarios sino todo eso?

¿Sin fines de lucro?

por Kléber Mantilla

Llegó el día cuando las instituciones y la gente ya no miden más el límite entre las ofertas consumistas de imágenes y la realidad. Mientras miles de organizaciones no gubernamentales y asociaciones sin fines de lucro presionan en múltiples foros a más de 120 Estados para que alguien pise el freno de la emisión de gases tóxicos y por un momento no se rehúyan los problemas planetarios sobre ecología, el calentamiento global y los derechos humanos, la Organización de la Naciones Unidas (ONU) asume su función humanitaria con el uso descarado de los rostros famosos de Hollywood.

Hace pocos días, la actriz Angelina Jolie, embajadora de la ONU, dijo que no es la “Madre Teresa de Hollywood”, pero que nunca ha negado su participación activa en obras de caridad y aportes a ongs. En un noticiero cuestionó a sus colegas por reproducir el estereotipo del ciudadano antisolidario que permanece sentado frente al televisor sin hacer nada, sin interés por los muertos de Irak, ni por la desaparición paulatina del polo norte. “¿Cómo hay estrellas de cine que no intentan ayudar a restar la expansión de la pobreza mundial?”, se preguntaba.

Esta actriz es una de las más activas contribuyentes de organizaciones no gubernamentales del mundo. Otro ejemplo más cercano en Hungría es Yoko Ono, la viuda del inmortal John Lennon, ahora casada con un húngaro, que donó los derechos de autor de la canción “Imaginación (Imagine)” para que administre Amnistía Internacional, una ONG especializada en Derechos Humanos.

Según los expertos, la ideología de las organizaciones no gubernamentales (ongs) es volátil pero se basa en la solidaridad y muchas veces en la función altruista de sus actuaciones. Sin embargo, la controversia natural de su creación nace de su sistema de financiación, pues supone ingresos que no provienen del beneficiario de sus servicios y se esconde bajo la manta de una filosofía sustentada en la terminología “sin fines de lucro”.

Incluso los mismos Estados maduran fórmulas de financiamiento para las ongs, pues es clave encaminar procesos paralelos que, al mismo tiempo que separen funciones y liberen ciertas competencias. Por ejemplo, buscan alejar la dinámica del armamentismo frente a los temas que involucran derechos humanos, o la cobertura de los servicios de salud pública frente al mercadeo de la creciente industria farmacéutica.

En países como Hungría se aplican legislaciones funcionales para encaminar el abastecimiento de recursos para las organizaciones sociales con objetivos solidarios, sin fines de lucro y con objetivos ajenos al rol del Estado. Por decir, el Estado húngaro aplica la “Ley del uno por ciento”, que consiste en permitir a los 4,6 millones de contribuyentes del sistema tributario, aportar a las ongs. Así los ciudadanos pueden pedir a las autoridades fiscales la transferencia del 1% del impuesto del ejercicio anterior para ayudar a la entidad de su interés, sea en temas de ecología, salud, vivienda, salud, microempresa o cualquier otro. Se calcula que se van 6, 9 mil millones de forintos anuales (33 millones de euros) para las ongs.

No obstante, el concepto de ONG es diferente en cada país, una ONG norteamericana es diferente de una francesa o una cubana. El término es utilizado como sinónimo de entidad no lucrativa, pero en realidad oculta otros grupos organizados como colegios profesionales, fundaciones culturales, deportivas y artísticas, entre otras. Pero además, se utiliza para referirse a cualquier organización que realiza actividades sociales, similares a las actividades de sindicatos, asociaciones de consumidores, colegios y hospitales.

Pese a todo, las ongs logran sensibilizar a la opinión pública acerca de los problemas mundiales en cuanto a pobreza, ecología y derechos humanos. La mayoría de los gobiernos europeos apoyan y colaboran con estas organizaciones, desarrollando canales de diálogo conjunto y esquemas de cofinanciación.

En general, el contexto sociopolítico y los cambios internacionales de las últimas décadas, causaron la propagación rápida de las ongs. Los movimientos civiles empezaron a cuestionar ciertas estructuras del Estado y de la sociedad industrial. Ejemplos sobran: el mayo francés, las manifestaciones contra la guerra de Vietnam, la primavera de Praga. Luego, las ongs ejercieron una función crítica en torno a los compromisos y obligaciones de los gobiernos poderosos frente a los países del Tercer Mundo, o subdesarrollados.

En resumen, la incontrolable globalización, concentró con brevedad el control político, la posesión y la explotación por parte de las clases dominantes de una nación o estado sobre otra nación, sus recursos, mercados y gente. Ahora, las empresas multinacionales y las instituciones financieras de Europa y Estados Unidos controlan la mayoría de las principales organizaciones económicas que producen, invierten, comercian y circulan capital.

Según el analista James Petras, “los gobernantes plantean amenazas nucleares, utilizan armamento de alta tecnología y destruyen a sus enemigos. Sus negociadores comerciales eliminan restricciones de los competidores y justifican las barreras comerciales para sus propias empresas”. La principal función del Estado moderno es dominar para que las multinacionales puedan florecer. El Estado es más poderoso e invasor con el crecimiento de los capitalistas “internacionales”.

El teórico sostiene que en el período colonial, la ocupación euronorteamericana y el saqueo de los continentes estaban justificados en nombre de la “civilización occidental”. Pero ahora, las guerras de agresión y la ocupación militar están justificadas en nombre de las “misiones humanitarias”. En el pasado, el mito imperialista era “El Descubrimiento de Nuevas Tierras”; pero en la actualidad es el mito de la “Invasión por Invitación” (extendida por los clientes locales). En muchos casos, las ongs hacen actividad de enlace.

Así, en el pasado, las órdenes religiosas y las autoridades coloniales participaban en el adoctrinamiento ideológico de los pueblos sometidos. Pero en la actualidad, los medios masivos de comunicación, el sistema universitario y las organizaciones no gubernamentales subvencionadas por el poder estatal junto con la propaganda del Vaticano proporcionan el mensaje ideológico que describe la subordinación como “modernización”, la recolonización como “globalización” y la especulación financiera como la Era Informática, afirma el analista.

Un estudio conocido como “The Myth of the Global Corporation” indica que más del 80% de las decisiones claves en inversiones y tecnología se toman en las casas centrales del “país de origen”. Mientras que las multinacionales producen y distribuyen en todo el mundo, sus casas centrales siguen administradas y dirigidas por Europa, Estados Unidos y Japón. Los circuitos económicos internacionales están bajo el control imperialista, dice.

De su lado, el Financial Times, asegura que entre las 500 compañías más grandes (basadas en su capitalización de mercado), 244 son norteamericanas, 173 europeas y 46 japonesas. El 83% de las mayores empresas que controlan el comercio y la producción mundiales son norteamericanas y europeas.

Y, en este esquema mundial, la función de las ongs se convierte es de mediadoras y propagadoras del juego de hegemonía del poder versus la sociedad civil. El desplazamiento de los “sin fines de lucro” deviene, cuando de agresivos banqueros y financistas solidarios, pasan a vestir de verdes para evitar que alguien corte el último bosque, contamine la última bocanada de aire y no envenene la última gota de agua.

Fuentes:

Gran Enciclopedia Universal Espasa Calpe

La Fundación, cuando el sueño se transforma en infierno

por Sebastián Santos

Hay un ingenioso y divertido libro de cuentos de Italo Calvino que se llama algo así como “Historias de amores imposibles”. En una, dos viejos amantes se encuentran después de mucho tiempo y claro, no funciona. En esta caso la complicación no es simplemente el drástico testimonio de “ya no somos los mismos”, sino literalmente el de “ahora somos otros”. Calvino, magistral, rápido y punzante, te arranca una sonrisa y te dibuja en el aire un encuentro de a cuatro. Los dos de ahora y los dos de antes.

Lo mismo me pasa ahora, en el mundillo leguleyo húngaro, intentando entender cómo funciona la llamada “Fundación”. En principio se trata de una de las modalidades jurídicas que existen en Hungría para llevar a cabo empresas sin fines de lucro y en beneficio de la comunidad. Básicamente eso quiere decir que no hay reparto de beneficios, y si se desarrolla alguna actividad lucrativa, cosa que la ley contempla, nunca puede ser la primera actividad de la Fundación, y siempre y cuando el objetivo principal esté cumplido o se vaya cumpliendo debidamente. Al menos eso es lo que indica la ley. La realidad es mucho más cruda, y terminan convirtiéndose en simples empresas que explotan a su personal y buscan enriquecerse aprovechando los beneficios impositivos y las subvenciones varias que, en su condición de fundación, pueden recibir.

La “alapítvány” es una opción de sociedad de lo más común en Hungría. Al menos así lo constata mi propia experiencia laboral entre los Cárpatos. Siempre he trabajado para fundaciones. De las primeras experiencias a la actual ha corrido mucha tinta y ahora, que intento entender el significado del argot general me vienen como flashes a la mente las viejas discusiones y problemas. Son los mismos que ahora presiento en la lectura de las leyes, pero al mismo tiempo son otros, lejanos, y que incomodan. Tal vez por la certeza que da la experiencia de que todo puede fallar e irse a tomar por saco, otra vez.

Mi introducción fáctica a este argot jurídico se dio en el verano 2005-2006 cuando al regresar de vacaciones, días antes de empezar las clases, me encontré la escuela dada vuelta. Había habido un golpe, habían retirado la autorización de firma del banco de la directora de la escuela y de una de las miembros de la Junta directiva (el kuratórium). En esta situación, no había dinero para pagar nada, ni sueldos, ni impuestos, ni gastos de mantenimiento de la escuela.

Durante el verano, habían cambiado los miembros y la Dirección de la Junta Directiva, reestructurado el funcionamiento de la Fundación e iniciado trámites legales para encarcelar a la Directora de la Escuela por malversación de fondos. Para el personal laboral la situación era entre histérica, por la implicación personal en el tema e inquietante para la economía personal.

Haciendo un poco de historia, y ahora con los elementos legales en la mano, puedo entender un poco mejor el laberinto legal del momento. Constituir una fundación no es difícil, aunque sí aleatorio, según marca la experiencia general. En principio hay que buscar un objetivo de carácter social de entre una lista de 22 temas, por ejemplo educación o relaciones intraeuropeas; luego hay que explicar la futura forma de financiación; indicar un domicilio legal, para el que normalmente piden la autorización del propietario; y hacer un montón de papeles, para los cuales no es imprescindible, aunque sí recomendable, un abogado, que puede llegar a costar en la actualidad unos 50 mil forintos. También va bien un cierto capital en el banco, el vox populi habla de unos 100 mil forintos, que se pueden retirar inmediatamente después de presentar la solicitud. El tramiterío no es nada especial, lo que sí dicen es que la ley es ambigua y que depende del juzgado donde se presente puede ser aceptado o no. Digamos que es cuestión de probar en uno y otro hasta que salga. A este respecto es interesante un artículo del número 12 del Magyar Narancs de marzo de 2006, titulado “Másként gondolkodók - Civil szervezetek bírósági bejegyzése”, donde explican las diferentes y arbitrarias sentencias recibidas ante las casi idénticas solicitudes de asociaciones y fundaciones en distintos juzgados de Hungría.

En la Fundación, el personaje clave es el fundador (alapító). Es quien inicia el proceso, redacta el estatuto (okirat), elige la Junta Directiva, determina quienes son las dos personas con autorización legal para retirar fondos de la cuenta bancaria, y además elige a los representantes frente al mundo exterior. Una vez hecho esto, puede desaparecer si así lo desea, de la escena, sin responsabilidad alguna. Pero se guarda en la manga la posibilidad de regresar cuando le apetezca y cambiar la Junta y el Estatuto, con todas sus implicaciones. Es Dios.

El tema es el siguiente. Son iniciativas que se cristalizan por la facilidad administrativa y las ganas del momento. A medida que el proyecto se va capitalizando el personal saca los dientes largos y ya no hay más tu tía, se acabó el amor y los proyectos cándidos. En mi caso concreto, la escuela fue iniciativa de un matrimonio. Él figuró como fundador y ella se ocupó de la escuela como Directora. Pasados unos 14 años la escuela contaba con un bonito edificio en un barrio residencial del distrito XVI de Budapest, con la vieja y romántica pareja separada hace tiempo, y con la industria del negocio inmobiliario descocada por todas partes.

La jugada no fue complicada. Se constituyó un nuevo Kuratórium en Szeged, con personas totalmente ajenas a la escuela y desde allí iniciaron la ofensiva, sin jamás aparecer por el distrito XVI. Fueron meses de cartas, faxes, denuncias a la policía, citas en el juzgado, contables, auditores y abogados. La nueva dirección buscaba destruir económica y moralmente a la escuela para terminar apropiándose del inmueble. Una película de horror para quien quiere limitarse a enseñar y a disfrutar de los encantos de Hungría y de sus niños. Lo triste es que era una opción legalmente plausible.

Otro detalle importante, para explicar el revuelo, es que si bien el Fundador, los miembros de la Junta Directiva y los directores de la Fundación no responden con su patrimonio frente a deudas de la empresa frente a terceros o al Estado; sí lo hacen de manera interna, con lo cual los miembros de la propia Fundación sí pueden sacarse los ojos a “piacere”, respondiendo con su capital personal.

Desde la escuela pusimos todos el hombro, al menos un tiempo, hasta que la situación terminó desbordándonos y empezaron los problemas internos. Los padres apoyaron la escuela en casi su totalidad, aunque es verdad que algunos también retiraron a sus hijos ante tal situación de inestabilidad. Se creó un fondo común con el que se fue financiando la escuela hasta que se logró, por vía judicial, recuperar algunos de los fondos de la cuenta bancaria.

En cierto momento se propuso constituir una nueva fundación, pero uno de los mayores inconvenientes era la falta de subvenciones. La Fundación tiene una serie de beneficios fiscales, pero además, en el caso de las escuelas, entre otras posibles ayudas, recibe una cierta cantidad de dinero por niño escolarizado. El problema es que todo esto puede ser solicitado recién a partir de los 3 años de funcionamiento, realizando la correspondiente solicitud declarándose entidad con fines públicos (kozhasznú). Y ya no se podía apretar más a los padres.

Esta experiencia también demostró uno de los grandes miedos, que he ido recogiendo últimamente ante la pregunta: ¿Fundación o Asociación? Es el tema del control estatal. En contra de esta pavura general, la escuela en cuestión funcionó, durante muchos años, al margen de la estricta legalidad. Digamos que en un constante “¡Viva la Pepa!”, con contratos y dinero en negro, y probablemente más de una irregularidad fiscal. Pero al margen de las contemplaciones al Estado, hubo un tiempo en el que el ambiente de trabajo era “divino” cargado de ganas y posibilidades de innovación pedagógica.

El problema fue que cuando llegaron las inspecciones. Tembló todo. Hasta ese momento nunca había pasado nada. El Estado, en todos esos años, apenas había metido la nariz y si en esos días se recordó alguna otra inspección general fue, justamente hacía un par de años, y también motivada por el ex marido de la Directora. Cabe aclarar que esta vez tampoco lo consiguieron y la escuela ha sacado pecho y sigue funcionando.

En términos legales, fuera de las declaraciones de rutina, las fundaciones no declaradas con fines sociales, o sea, en la práctica, aquellas con menos de 3 años de antigüedad, y con ingresos brutos menores a 5 millones de forintos anuales, no llaman la atención del Fisco. Pasados los 5 millones y/o habiéndose constituido como közhasznú aumenta sensiblemente el papeleo de control y las inspecciones in situ. Teóricamente.

El caso de esta escuela fue realmente una pena, porque con tanta movida se terminó quebrando el encanto, el duende. Ahora, mi experiencia profesional me ha traído a otra escuela, también una fundación. Y aunque el volumen de la actividad y las relaciones son incomparables, y por tanto mi visión del funcionamiento interno de la empresa, que se teje en una enredadera internacional, es ridículo, puedo colaborar al conocimiento popular, otro poquito, con dos datos, con solo echar una mirada a mi nómina.

Y es en relación al tema que indiqué al comienzo, el del uso del modelo “Fundación” para reducir costes. Mi salario por ejemplo, sin llegar a cobrar en negro, camufla, por algún ardid jurídico-contable, una buena cantidad libre de impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social, proveniente de Estados Unidos y girada directamente a mi cuenta. Por otra parte, recibo del Estado un plus mensual en tanto maestro, por cobrar, de manera oficial, menos de cierta cantidad de dinero. De esta manera la escuela, beneficiándose de un subsidio a docentes y de algunas exenciones impositivas, puede ofrecer mejores salarios a sus trabajadores. Vuelvo a repetir, t-e-ó-r-i-c-a-m-e-n-t-e.

miércoles, abril 11, 2007

¡Que nos vengan a buscar! Grito y escalera al cielo

Los húngaros en el espacio o el espacio de los húngaros

La insistente cuestión del origen y la prevalecencia o no de lo húngaro en el sistema de identidad de los emigrantes vuelve a salir al patio cuando unos de estos “grandes” sale a la palestra y estalla en fama.

Hoy es el turno de Simonyi. Lleva unos 30 años viviendo en Estados Unidos y ahora mismo es Dios, mirándonos a todos desde el cielo.

La cuestión nacional es un dilema netamente local porque la prensa internacional lo tiene bien claro y deja para las letras pequeñas aquello del origen. Charles Simonyi es, ante todo, millonario.

La disyuntiva local-internacional, en lo que se refiere al espacio, se resuelve en húngaro de manera mucho más hábil que en la lengua de Mafalda y Mortadelo. Aquí, para nuestro global y amorfo “espacio” tienen, al menos, dos términos. Uno es “űr”, que a su vez implica el espacio sideral y el vacío; y el otro “tér”, que se refiere al espacio cuantificado, a los centímetros que ocupa un cuerpo o los metros cuadrados en los que se desparrama o podría desparramarse la lechita de la mañana. “Tér” también significa plaza, una acepción campera para hablar de espacio.

Por eso, para los hispanohablantes, el origen, el espacio, la posición social y cuantas cosas más se mezclan y levantamos la mano incómodos señalando que “eso” no es tan así. Los húngaros no se calientan tienen El sideral y tienen La placita. Simonyi es húngaro, no hay tu tía.

Y no solo “eso”, aquí estamos todos listos para que nos vengan a buscar. No solo despuntamos en modernidad sino también la mostramos a diestro y siniestro. Las hermosas mujeres húngaras son las encargadas, las responsables sociales de semejante tarea de concienciación. Y si han decidido cambiar las botas de cuero, que cubrieron, hasta casi alcanzar la rodilla, los pantalones durante el corto y escuchumizado invierno; e incluso se manifiestan ahora, abiertamente, contra ese soplo primaveral que algunos llaman “bermudas en medias de lana”, no es solo capricho de la moda. Estamos listos, como en “Cocoon” para que bajen el platillo y nos suban a todos. Hemos vuelto, sin dudarlo, al plástico brillante y espacial de los ‘70, al casquito aerodinámico, a las planchas de metal enroscadas a la altura de las tetas hasta apenas cubrir la entrepierna y a las gafas de sol tipo mosca, que no nos dejan ver nada, pero nos la suda. Tan contentas. Tan contentos.

Charles Simonyi vuela al espacio

por Annamaria Preisz

Por fin, el 7 de Abril, Charles Simonyi se convirtió en el quinto turista en viajar al espacio (a la Estación Espacial Internacional). Desde el sábado pasará unos 12 días haciendo 160 órbitas alrededor de la Tierra y cubriendo 6.5 millones de kilómetros. En la misma tabla, Charles es el ser humano número 450 en dejar la atmósfera del globo, y también el segundo húngaro en el Espacio.

Charles es uno de los tantos millonarios que ha dado la informática. Su vida, plagada de aventuras y de velocidad siempre ha estado marcada por el éxito. Nació en Hungría, donde antes de irse a Estados Unidos ya había trabajado con ordenadores en la Universidad de Budapest, junto con su padre, que era profesor de Ingeniería Eléctrica.

A la edad de 17 años, en 1966, dejó el país, nada más terminar la escuela secundaria. Se fue ilegalmente y desde el primer momento supo que volver ya no sería posible; pero lo tenía muy claro, y estaba lleno de energía. Empezó en Dinamarca, e inmediatamente, con 18 años, pasó a Estados Unidos, donde lo admitieron en la Universidad de Berkeley, California. Años después recibió el título de ingeniero eléctrico. Después siguió Stanford, donde obtuvo el título doctoral en ciencia informática. De ahí en más todo el camino fue recto hacia la cima. Primero lo emplearon en Xerox, y en 1981 se fue a trabajar con Bill Gates, como uno de los fundadores de la empresa Microsoft. Participó en el desarrollo de importantes proyectos, como Words y Excel.

A todo el mundo le fascina la posibilidad de volar al espacio, por supuesto tanto o más que tener la cantidad necesaria para ello. Este viaje cuesta al menos 20 millones de dólares. Él tiene el dinero, le sale por 21,6 millones.

En la Ciudad de las Estrellas, cerca de Moscú, lo prepararon tanto física como psíquicamente. Charles se ha tomado muy en serio el viaje y entre otras cosas, y a conciencia, ha refrescado sus conocimientos de ruso, lengua que había estudiado antes de emigrar. Leyendo su blog parece ser que está disfrutando mucho de estas “vacaciones”. Y no solo con los entrenamientos y el viaje en sí, sino también con cada lugar donde lo ha llevado este periplo, con sus nuevos colegas, con las comidas, con las “siestas”. Asegura que nunca ha estado nervioso, en absoluto. Pasó cada uno de los sucesivos exámenes con excelentes resultados. El 27 de marzo llegó a Baikonur, en Kazajistán, y el sábado 7 de abril despegó.

Lamentablemente no podrá dar un paseo fuera de la nave, en el espacio exterior. Para obtener el correspondiente permiso debería haberse preparado más y mejor. El programa de Charles se concentrará en investigaciones científicas a bordo de la EEI. Sus tres objetivos principales son: lograr que los vuelos aeroespaciales adquieran carácter masivo, desarrollar al máximo la Estación Espacial y despertar pasión entre los jóvenes por la Ciencia Espacial. Por ejemplo, en su blog tiene una sección para niños, y durante su vuelo estará en permanente contacto por radio con varias escuelas.

Solo nos queda esperar, llenos de curiosidad, las sorpresas que nos traerá Charles desde la estrellas.

Fuentes:
Charles in space
Wikipedia
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Los ingenieros húngaros no son húngaros

por Carlos Lavatelli

"Los científicos descubren el mundo que existe;
los ingenieros crean el mundo que nunca fue."
Tódor von Kármán, ingeniero aeroespacial

El dulce de leche es argentino, y eso no me lo discute nadie. Como el tango, el mate, el asado de tira y los chinchulines a la parrilla. Juan Manuel Fangio fue cinco veces campeón mundial de F1 internacional, un récord imbatible desde los años '50 hasta que en el 2003 el alemán Schumacher lo superó con seis campeonatos. Así como Diego Maradona, sin ninguna duda, fue el mejor futbolista de todos los tiempos.

Y si de ciencia hay que hablar, Bernardo Houssay (1947), Luis Leloir (1970) y César Milstein (1984), tres nobeles científicos argentinos.

No, si los seres humanos, cuando de deporte, ciencia, música, arte y cuanto venga a cuento se trata, no tenemos ninguna duda en afirmar verdades que de tan obvias, ni siquiera hace falta cuestionar: en Mi País se escucha la mejor música, de allí salen los mejores deportistas, los cerebros más brillantes, los inventos que solo el ingenio de Mi País puede lograr (hay que conocer la picardía de Mi País)...

Y de vinos y comidas para qué hablar: del resto podemos discutir... pero de comida terminantemente no. En Mi País sí que “se come muy bien”.

Paradójicamente, y vaya a saber uno por qué, hay cosas que... “solo ocurren en este país”.

Inventos, inventores y banderitas

Cuando fui deshojando la cultura magiar, apareció un caso curioso, aquel del cual mis años de adiestramiento escolar me habían convencido que era un “invento argentino”: la birome.
Lo que en España se conoce como “boli” (abreviatura de bolígrafo, su nombre técnico y de patente), en Argentina tomó en parte el nombre de su inventor, Ladislao José Biro (nombre argentinizado del húngaro Bíró László József).

Entonces a partir de aquí surge la pregunta sobre la que gira este artículo del que usted se preguntará “pero de qué está hablando este tipo”: un húngaro en Argentina ¿produce un invento argentino o un invento húngaro?

Los inventos, como la misma creatividad humana, no tienen nacionalidad, sino que son productos de hombres singulares o asociados (esto más frecuente en la actualidad, dados los niveles de complejidad y especialización alcanzados por la ciencia y la tecnología) que en un esforzado proceso donde se suman conocimientos, capitales, experimentación y una pizca de azar, se llegan a producir o perfeccionar herramientas que facilitan el trabajo y expanden el ocio humano.

A mí particularmente me atrae el azar, porque me resulta más divertido, juega como un niño para llevarnos por nuevos caminos que ni suponíamos como posibles. Pero científicos y matemáticos, celosos hasta el aburrimiento, se rehusaron a dejar nada fuera del cálculo: inventaron la fascinante como apocalíptica teoría del juego.

Los conocimientos son productos culturales, y es desde este punto de vista que partimos cuando hablamos de inventos. Hay individuos particulares que con su esfuerzo e inteligencia lograron cambios asombrosos en la historia de la humanidad, en muchos casos mejorando notablemente el estilo de vida: pensemos en el gran avance tecnológico que significó tanto el descubrimiento del fuego, como los inventos para producirlo; y el cambio que trajo consigo el invento o descubrimiento de la rueda(1), solo por dar un par de ejemplos significativos.

Pero lamentablemente parte de la creatividad e inteligencia humana sirvieron para destruir y poner en peligro la existencia misma: desde aquel tiempo, el planeta y nosotros en él corremos el peligro del fin no ya de la humanidad, sino de la vida misma. Una casi ignorada corriente filosófica decía que la humanidad era la tendencia suicida de la naturaleza, y el hombre no era más que un error biológico, porque como no había podido adaptarse a la supervivencia con sus propios medios naturales, se vio forzado a inventarse mil artilugios y herramientas para sobrevivir(2).

Aún en los casos de aquellos inventos que quedaron registrados como producto de un genio prodigioso, no debemos olvidar que todo individuo está condicionado en su acción por la cultura en la que se crió, en la que se desarrolló y en la que vive.

¿Por qué todos quieren apropiarse de Johnny Weissmüller? ¿Qué era? ¿Húngaro, alemán, rumano, judío o estadounidense? Desde mi punto de vista, era todo eso y seguramente algo más.

Es en este sentido que cuando hablamos de inventores húngaros (o chinos, italianos, árabes, españoles o argentinos, para el caso da igual) sospechamos maliciosamente. En las referencias que en diversos sitios de internet se hace a ellos, se usan frases que a mí me divierten mucho (incluso en textos en español, copiados al pie de la letra de textos en inglés, por supuesto):

  • Theodore von Kármán: ingeniero y matemático norteamericano de origen húngaro nacido en Budapest.
  • Theodore Von Kármán: físico e ingeniero norteamericano de origen húngaro...
  • Theodore von Karman: ingeniero y matemático norteamericano. De origen húngaro nacido en Budapest.
  • Karman Theodore von: ingeniero estadounidese, de origen húngaro.

O este otro, donde en un caso hasta se ignora el origen húngaro:

  • Gabor, Denis (1900-79) - Físico británico de origen húngaro, n. en Budapest y m. en Londres.
  • Gabor, Dennis. (Budapest, 1900-Londres, 1979) Ingeniero británico de origen húngaro.
  • Dennis Gabor *1900, †1979 (Reino Unido). Premio Nobel de Física 1971.

Desde las diferentes maneras de escribir tanto nombres como apellidos, hasta el título profesional, varía considerablemente. Internet, la gran fuente de información y de disparates.

Entonces encuentro la parte de razón que sostiene mi argumento: estos científicos (y sobre todo personas), se formaron no sólo en Hungría y sus universidades, sino también en Alemania, Estados Unidos, Gran Bretaña, etc. Entonces su identidad como científico, artista, deportista o la profesión que sea, incluye no solo su cultura magiar de origen, sino también las culturas y conocimientos adquiridos a lo largo de su existencia en las sociedades en las que se formó y vivió.

Los húngaros y el desarrollo espacial

Para cerrar, seamos también un poco justos, sin abandonar la sinceridad: la cultura magiar, en su suma de conocimientos, genios, universidades e instituciones científicas, con sus hombres y mujeres, aportó nuevos conocimientos y nuevos caminos a la ciencia no solo de la cultura occidental, sino de toda la humanidad. Y también como la ciencia misma, así como para la vida, también para el fin de la existencia. Eros y Tánatos juegan con frasquitos de laboratorio.

El tema de este número es sobre los húngaros y el espacio. Entonces inmediatamente surgen los nombres de Antal Bejczy, Pál Greguss, Ferenc Pávlics, Imre Gyula Izsák, Madeleine Forró Barnóthy, Dávid Schwartz, Egon Orován, Mária Telkes, Albert Fonó... como científicos que participaron, desde diferentes proyectos y especializaciones, en el desarrollo espacial. Pero si bien en varios casos de los nombres citados anteriormente, soy bastante ignorante sobre el grado de participación en proyectos estrictamente militares, sí soy consciente de los lamentables nombres de otros científicos que sí participaron en proyectos nucleares, o en el desarrollo de aviones bombarderos que harían masacres sobre poblaciones civiles y tristezas semejantes de nuestra humanidad, como son los casos de János Lajos Margittai Neumann (John von Neumann); Leo Szilárd; Edward (Ede) Teller; Victor Szebehely; Tódor von Kármán...

Más allá de las frases bonitas, esperanzadoras y futuristas en torno al espacio, el desarrollo de los proyectos espaciales estuvo desde sus inicios ligado al desarrollo armamentista, motivo por el cual la carrera espacial y la carrera armamentista frecuentemente se confundieron una en la otra. Terminó una idea del mundo bipolar y de guerra fría, para dar lugar a este en que vivimos en la actualidad, donde las armas nucleares todavía no desaparecieron, y la exploración espacial no da signos claros de ser otra cosa que la misma búsqueda ambiciosa y desesperada de recursos que está destruyendo este hermoso planeta en que vivimos.


Notas:

  1. Más que la rueda en sí, el uso que se hizo de ella: mientras en Asia Menor, Egipto o Europa se utilizó para desarrollar medios de transporte (como carros de guerra), en América las culturas precolombinas apenas le dieron importancia más allá de su uso en objetos decorativos. Algo similar al uso que de la pólvora se hizo en China, su cultura de origen, donde no fue concebida por su funcionalidad militar tal como la conocemos, pero quizás sí por los venecianos de la expedición Marco Polo que la trajo a occidente (s.XIII).


  2. "La idea de Alsberg, muy inspirada en Schopenhauer, es la siguiente: justamente porque el hombre se halla tan desarmado frente a su mundo circundante, justamente porque el hombre está mucho menos adaptado a su ambiente que los demás animales afines, no pudiendo tampoco desenvolverse más en el sentido organológico, justamente por eso, hubo de formarse en él la tendencia a anular sus órganos lo más posible en la lucha por la vida, desarrollando, en cambio, los "instrumentos" (entendiendo por tales también el idioma y los conceptos, y valorándolos como "instrumentos inmateriales"), que hacen inútil el perfeccionamiento funcional de los órganos sensoriales. (...) Para esta doctrina, el hombre no es, en primer término -como muchas especies vegetales y animales- una de tantas vías muertas, en que la vida, siguiendo una evolución determinada, encalla, provocando la muerte de la especie. No; el hombre es la vía muerta de toda la vida en general."

    SCHELER, MAX - La idea del hombre y la historia. Siglo Veinte, Buenos Aires, 1998 [original alemán, 1915]
    (versión completa en español, 62 páginas, en: http://www.wattpad.com/24649)


Fuentes:
Sobre húngaros famosos, la web (en inglés):
http://www.webenetics.com/hungary/sciencemathandtech.htm