viernes, enero 26, 2007

Mundos paralelos

por Aranyos Eszter

A Borges lo descubro cucaracheando, en movimiento y poco a poco. Normalmente yo no voy a él, sino que él se mete en mi mundo, con insistencia y parsimonia.

Hace 17 años tuve el primer encuentro con el escritor argentino, en clase de –y gracias a– Andrea. Cada semana venía con una novela diferente, y nos dejaba a todos impresionados. Teníamos que leer, analizar y traducir partes de las piezas. Era tal la inmersión, que trabajar con ellas era como vivirlas. Mi preferida era La biblioteca de Babel. Primero fue descubrir los símbolos, de a poco. Los libros. Los caracteres. La escalera. El espiral. El hexágono. Luego la Biblioteca ilimitada y periódica compuesta de galerías hexagonales. Universos paralelos donde, si uno buscase durante un tiempo indefinido, podría encontrar su Vindicación, “o alguna variación pérfida”.

También tengo grabada en la memoria una historia de Andrea y Borges, que probablemente me haya inventado entre lectura y lectura y que me he ido repitiendo a mi misma durante los últimos 15 años. No lo sé. Andrea tenía una entrevista con él en Buenos Aires, y hacia allí volaba cuando se enteró, en el mismo avión, que había muerto justo el día anterior. Más que una simple tragedia si a mi profesora húngara agrego la de una decena de personas que desde distintas y distantes partes del mundo, ese mismo día, habían acudido a una cita imposible.

Pasaron los años, ¿y quién lo diría? caí rendida como una mariposa en celo frente a uno de sus paisanos, otro argentino. Bueno, en principio no parece ser tan difícil, ya que dicen que están por todas partes, pero de primera sentí que nos conocíamos de algún lugar lejano, de otro mundo. Por Argentina jamás me había sentido atraída, no estaba en mi lista de países favoritos, ni mucho menos.

Y tirando del hilo, al final, este verano, estuvimos allí, en la capital más europea y más familiar de América Latina que jamás haya visto. Estar en Buenos Aires era como estar en casa.

Uno de esos días, paseando por San Telmo, el barrio natal del tango, nos llamó la atención un teatrucho de nombre pretencioso, que más parecía una sucursal de la ONU que un teatro. Se llamaba algo así como CELCIT, “Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral”. De la curiosidad por lo impensable pasamos a la sorpresa cuando mi querido maromo dijo que justo ahí mismo se reunía con su banda de amigos en los ’80. Entonces el teatro se llamaba “El Parque”. Para rematar, y leyendo en detalle, descubrimos que el director del teatro no era otro que Carlos Ianni, director de “Cita a ciegas”, la misma obra que Andrea estaba traduciendo al húngaro.

E ir al “Cervantes” a ver la obra de Ianni fue simplemente dejarse llevar por la acumulación de coincidencias. Vimos el Buenos Aires de Borges, o mejor, vimos Buenos Aires con Borges, o mejor todavía, vimos a un viejo ciego sentado en un banquito escuchando con suma paciencia historias ajenas. Y el viejo, de un verbo precioso, dio y preguntó hasta que finalmente descubrió la famosa conexión babeliana de los mundos paralelos, y el círculo se cerró, y nos fuimos a comer una pizza a la calle Corrientes.

Ahora, en Hungría, las cosas fluyen tranquilamente. Unos están contentos, otros tristes. Unos se curan, otros se enferman. Unos descubren la razón de su vida, otros empiezan a perder el rumbo. Y todos, lentamente, vamos engarzando las piezas sincrónicas de cada universo paralelo.

Dentro de dos semanas, el 16 de febrero de 2007, se presentará en Miskolc, por primera vez en Europa, Cita a ciegas.

Dossier de la obra

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